Viaje al otro lado de la vida. Cuando las imágenes nos sirven para volar.

Margi Egiguren

Máster en Arteterapia por la Universidad Pompeu Fabra-Metáfora. Licenciada en Bellas Artes por la UPV (Universidad del País Vasco) Profesora de Plástica y Visuales en el colegio Antoniano Ikastetxea de Zarautz (Gipuzkoa). Creadora y docente  del proyecto “Jostailu alternatiboa” (El juguete alternativo a partir de material de reciclaje) en Zarautz
(Gipuzkoa).

margi333@hotmail.com

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SUMARIO

El presente estudio, en una primera parte, trata sobre el poder de las imágenes. Sobre los diferentes caminos implícitos en cada obra. Sobre las fuerzas escondidas y el mensaje solapado.
El trabajo narra el viaje que realiza un adolescente que padece leucemia, y que se encuentra a la espera de un trasplante de médula, a través de las imágenes que va creando en las diferentes sesiones.
En la segunda parte, se narra el nuevo viaje que realiza la madre del paciente, una vez fallecido este, cuando las obras se han convertido ya en legado.

ABSTRACT

This study, in its first part, is about the power of images; it’s about the different paths implicit in each work; and it’s about the hidden forces and overlapped messages.
This research follows the journey of a teenager with leukemia waiting for a bone marrow transplant, by looking at the images in different sessions.
The second part tells the new journey of the patient’s mother. After the death of the patient his works have become his legacy.

PALABRAS CLAVE: Cáncer, Arteterapia, Acompañamiento, Legado, Imágenes

KEY WORDS: Cancer, Art therapy, Accompaniment, Legacy, Images

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A Ion. In memoriam.
Por mostrarme el camino.
Por su mirada siempre llena de vida.

Y a ti, Txiki.
Por regalarme el viaje a Ítaca.

INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN EN EL HOSPITAL

Supongo que esto ya te lo he contado, pero necesito empezar la historia desde el principio.
Conocí a Ion en el ala azul de la tercera planta del hospital de Donostia.
Llovía y la mañana era fría para tratarse del 3 de septiembre.

Un adolescente, me habían dicho. Dieciséis años. Le vendrá muy bien. No expresa sus emociones. Lleva tres años con cáncer y jamás se ha quejado.
Y me encontré a un niño, perdido sobre unas sábanas,  al que la quimio no había dejado crecer. Un pequeño buda de cabeza descalza. Vestía esa bata azul obscena y sus ojos me miraron muy dentro. Allí donde a veces la luz no alcanza. Y yo le miré serena. Allí donde la vida más tiembla. Sí quiero, dijo cuando le propusieron hacer arteterapia. Y yo, también quise.
– ¿Sabes, Txiki? Cuando vi a Ion en aquella desnudez camuflada recordé el mito de Inanna.

EL MITO DE INANNA

Inanna era la reina del cielo y de la tierra. Cuando supo que su hermana Ereshkigal, reina del inframundo, sufría grandes dolores, decidió visitarla. Inanna supuso que bajar al inframundo sería algo sencillo. Sin embargo, pronto descubriría que el poder y la autoridad que la protegían en la tierra no ejercían ninguna influencia en el inframundo.
Inanna llamó con insistencia a la puerta de los infiernos pidiendo que le abrieran y el guardián le dijo que para poder llegar al inframundo debería de atravesar siete puertas y en cada una de ellas tendría que desprenderse de una prenda de vestir. Y así, Inanna tuvo que abandonar su corona, su collar de lapislázuli, su cinturón de perlas, su peto, su brazalete y su túnica. Y en cada puerta le fueron despojando de los símbolos de poder, prestigio, riqueza…Después de desprenderse de todo aquello que poseía y le daba valor, desnuda y humillada, entró en el inframundo.

En “El sentido de la enfermedad”,  Jean Shinoda Bolen dice que cuando alguien entra en el hospital  como paciente  experimenta un descenso al inframundo parecido al de Inanna.
En la primera puerta le arrebatan la ropa y con ello el libre albedrío, su libertad, su autoridad, su dignidad. Y en cada puerta que atraviesa, mostrador, habitación, rayos x, extracción de sangre, inserción de sondas, quirófano… le van arrebatando todas sus defensas emocionales y psicológicas.

“Cuando las defensas psicológicas se desvanecen en el contexto de una enfermedad mortal, puede acontecer un descenso al inframundo del terror y la depresión”. (Shinoda, 2006, pág. 32)
“Cuando quiera y como quiera que atravesamos el umbral entre la enfermedad y la salud, advenimos al reino del espíritu. La enfermedad conmociona el alma y la hace presente tanto para el paciente como para aquellos a los que les importa. Perdemos la inocencia, nos sabemos vulnerables, dejamos de ser quienes éramos antes de este acontecimiento y nunca volveremos a nuestro estado anterior. Estamos en un territorio inexplorable y no hay vuelta atrás”. (Shinoda, 2006, pág. 16)

REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

“Todos los dolores gritan: sólo la salud es muda.”
Philip Rico

Cuando una persona es hospitalizada y le diagnostican cáncer, tiene miedo. El diagnóstico de cáncer y los tratamientos implican procesos de duelo complicados tanto en el paciente como en la familia. Almanza (2000) menciona la importancia de la atención psicológica que se brinda al paciente oncológico, la cual le permite definir su identidad y abordar temas como la dependencia, el miedo a los tratamientos, a la muerte y al abandono. En el transcurso de la enfermedad es posible que el paciente desarrolle distress, que se define como una respuesta emocional displacentera (psicológica, social y o espiritual) que merma las capacidades para enfrentar la enfermedad e incluye sentimientos de vulnerabilidad, depresión, pánico, aislamiento social…

La creación de imágenes nos ayuda a convivir con la enfermedad. Puede ser una manera de explorar el mundo interior e intentar digerir la nueva realidad. Las imágenes y el proceso creador nos ofrecen claves sobre los temores, conflictos, fantasías y esperanzas, y por otro lado, la creatividad ayuda a fortalecer los recursos de la vida interior de la persona.

Nadia Collette, en su artículo “Arteterapia y cáncer ” publicado en el 2011, haciendo referencia a Minar, describe cómo los pacientes con cáncer suelen crear imágenes en torno a elementos simbólicos propios de las experiencias vividas en su proceso de enfermedad. Aparecen representaciones de un poder “dañador” que albergan en su cuerpo y en su mente y éste puede ser simbolizado como órganos afectados o como metáforas de “lo malo” expresadas en forma de nubes negras, volcanes, explosiones, cadenas, elementos bélicos o animales relacionados con fobias y miedos. Pero también las personas enfermas encuentran en su mundo interior las fuerzas “reparadoras” o “sanadoras” que se pueden oponer a los dañadores y que simbolizan la lucha del paciente contra su enfermedad. Y en el mismo artículo, nombra la teoría de Carl Gustav Jung, la cual nos revela que estas representaciones son mensajes entre consciencia e inconsciente y que, por la unión de opuestos, se encamina uno hacia “la reconquista de su peso como ser humano”.

La actividad artística proporciona un medio concreto no verbal a través del cual una persona puede lograr una expresión al mismo tiempo consciente e inconsciente y que puede emplearse como valioso agente de cambio terapéutico (Dalley, 1987, pág. 15).

Las imágenes pueden crear claridad de expresión, en especial con respecto a ciertas cosas que son difíciles de decir. Simbolizar sentimientos y experiencias a través de imágenes puede constituir un medio de expresión y de comunicación más poderoso que la descripción verbal y, al mismo tiempo, es capaz de hacer que tales sentimientos y experiencias se vuelvan menos amenazadores. (Dalley, 1987, pág. 16)

Desde el psicoanálisis, Margaret Naumberg, citada por Dalley en “El arte como terapia” (1987) refiere que “el proceso de terapia artística se basa en reconocer que los sentimientos  y los pensamientos más fundamentales del hombre, derivados del inconsciente, alcanzan expresión a través de imágenes y no de palabras”. (Naumberg, 1958, pág. 511)

La creación artística nos permite llegar a sentimientos ocultos, jugar con los límites y sobrepasarlos en forma creativa, hacer un viaje a las profundidades de nosotros mismos y volver para contarlo. El simbolismo permite representar fantasías, ansiedades y sentimientos de culpa sobre las obras sin dañar a las personas. Algunas imágenes permiten la evasión a un mundo donde el dolor no existe. Y otras sirven de hilo conductor en la narración del paciente.

Cuando actuamos sobre la obra y la modificamos, también se transforma interiormente lo que ella representa. De acuerdo a Polo (2003), el arteterapia “propone un viaje al fondo de nosotros mismos a través de la creación de imágenes plásticas, con la convicción de que en el hacer evocamos el conflicto y al trabajar sobre esa imagen que lo representa, al corregirla, al actuar sobre ella plásticamente, actuamos sobre nosotros mismos modificándonos, transformándonos”.  “Las obras que se crean hablan y en su presencia el autor es parte de una conversación que le permite «ver lo que ha dicho»” (Eisner, 2004).

Todo lo que sucede en “el aquí y el ahora” ayuda al desarrollo de la terapia, hace hincapié en que el paciente no muestra sus emociones en un vacío (sino que lo hace en la presencia del terapeuta) y esta es una exploración que permite la plena comprensión de la expresión de las emociones. (Yalom, 2003)

Para Joy Schaverien, las imágenes encarnadas son imágenes dotadas de poder en las que el paciente ha actuado sobre ellas de manera consciente, ha recreado partes de sí mismo y están repletas de carga inconsciente. Éstas pueden convertirse en talismán cuando se convierte en algo liberador  o en chivo expiatorio, cuando la imagen encarna un sentimiento que carga con las culpas, y se transfieren a ésta o al objeto y se sacrifican. Estas imágenes son contenedoras, confortables, como si sostuvieran una tensión entre fuerzas opuestas, las cuales han sido temporalmente reconciliadas “ahí fuera” en el papel y tienen repercusiones en la respuesta emocional tanto del artista como del espectador, tanto en el inconsciente de uno como de otro.

La imagen que ha sido investida de poder, la imagen talismán, puede funcionar de diferentes maneras. Como chivo expiatorio, el talismán puede ser algo liberador a través de un acto de destrucción, pero también puede ser algo que se protege y se guarda. Cuando la pintura se vuelve talismán, el paciente puede ver en ella su dolor o su culpa. Puede que necesite un tiempo antes de poder asimilarlo, pero ya existe una forma de conocimiento, de responsabilidad y pertenencia.

Afirma que ninguna pintura puede ser explicada totalmente a través de la palabra; si así fuera, no tendríamos ninguna necesidad de hacerla.

La actitud mental del poseedor es la que convierte un objeto en talismán. Otorgamos  poderes a los objetos con el fin de ligarles una significación mágica o emocional. Tal investidura puede hacerla el poseedor solamente o toda la gente implicada. Para que el beneficio de los objetos cargados de poder actúe, deben ser cuidadosamente guardados  y valorados como portadores de los poderes investidos.

Schaverien nos dice que el objeto que sobrevive a su mortal creador encarna una visión y posee una carga emocional más allá de las huellas que éste dejó cuando lo pintó. Con este poder, los espectadores investimos al objeto (en adición a las propiedades visibles) y nos sobrecogemos con él. La repercusión de estas obras puede ayudar a los más allegados en el proceso de duelo.

Cuando el paciente fallece, las obras son un recuerdo simbólico y perdurable. Tienen valor de testimonio y funcionan como legado transportando a los familiares a un nuevo lugar.

CONTEXTO Y PRESENTACION

Ion tenía 16 años cuando lo conocí y una leucemia que le estaba robando la vida. Fue diagnosticado el 31 de mayo de 2010, cuando solo tenía 13 años. Después de recibir quimioterapia durante un año se reincorporó al colegio el curso 2011-12. En 2012 sufre una recaída y vuelve a ser hospitalizado. Cuando lo conozco, en septiembre de este mismo año, está a la espera de un trasplante de médula. La asociación Aspanogi (Asociación de Padres de Niños Oncológicos de Gipuzkoa) y la pediatra del hospital lo derivan a arteterapia porque consideran que puede ser un espacio en el que pueda expresarse y, quizás, llegar a mostrar sus sentimientos.

Ion no se queja. Respira y sigue caminando. Te mira a los ojos y aún saca fuerzas para sonreír. Es amable, educado y sereno. Inteligente, curioso, valiente.

Es el segundo de dos hermanos.

SETTING

Las 5 sesiones que tuvimos las llevamos a cabo en su casa. Utilizábamos la sala donde también recibía a los profesores que venían a darle clase. A lo lejos, se veía el mar. La duración de cada sesión fue de una hora y el material lo transportaba en una maleta.

Es curioso llegar a una casa y “adueñarte” de un espacio para poder trabajar. Para poder ofrecer. Para poder proteger. Es curioso y no siempre se puede. Al principio no saben quien eres. Ni cuales son tus intenciones. Ni tus maneras. Y se despiertan los fantasmas. ¿Qué van a contarte? ¿Qué vas a saber en su propia casa que ellos no sepan? ¿Qué vas a hacer con todas esas confesiones si las hubiera? Pocos son los que consiguen no entrar en ese espacio que ahora, durante una hora tu custodias. Muy pocos.

Las casas hablan sin necesidad de palabras. Cada objeto se revela como parte de una narración que te va contando su fragmento de historia. Y luego están los olores.  La luz. Las fotos y los recuerdos. Las vidas. Las otras vidas. Las que ya fueron. Y no puedes dejar de sentir. Las casas se respiran. Te respiran. Penetran tu piel y se cuelan en tu interior despertando mundos que las palabras no alcanzan. Las casas son un misterio. Un misterio y una revelación.

OBJETIVOS

El objetivo principal fue acompañar a Ion. Sentarme a su lado. Mirarle a los ojos. Navegar en su historia. Hacerle entender que yo estaría con él.

Y después, ofrecerle un lugar seguro donde poder expresar sus emociones y ayudarle a tomar contacto con su sentir. Ser testigo de su proceso creativo y compartir su viaje.

Y por último, evidenciar mi admiración.

SESIONES

-¡Ven, Txiki! Te llevaré de viaje como él me llevó a través de sus obras.

SESIÓN Nº 1

Ion se levanta despacio del sofá. Como si aún no pudiese abandonar del todo el mundo onírico. Sonríe. Sus movimientos son pausados. Como si pesaran.
Yo abro la maleta de los materiales. Pongo los papeles sobre la mesa. Los toca. Se toma su tiempo. Pareciera que los fuese a desnudar. Su mirada es curiosa. Sus manos delicadas. Finas. Bien formadas. Como de niña enferma.
Elige un carboncillo, un rotulador negro, un grafito y un lápiz. Y así, con estas armas, inicia el vuelo.

viaje_fig.1Fig.1

Ion no tiene pelo. La quimio se lo llevó hace ya tiempo. Cuando dibuja se rasca la cabeza concentrado y curiosos lunares asoman a su cráneo.
Prueba el carboncillo creando un pequeño círculo. Lo observa sereno. Parece satisfecho. Me mira. Sonríe y con finas líneas divide en dos el papel y se va perdiendo en él.
El viaje comienza. Ion es cuidadoso. Delicado. Suave. Da la sensación de que cada trazo pudiese sentirlo en la piel.

Trabaja en silencio. Solo el tic tac del reloj como fiel observador de nuestra escena. Y después, el sonido del lápiz. Deslizándose. Lento. Sin necesidad de llegar a ninguna parte. Como si bailara. Ion abandonado a su danza. Las formas que va creando parecen abstractas. Todas ellas en blanco y negro. Me gusta verle trabajar. Me transmite paz y seguridad. Cuando ha terminado la mitad del dibujo, me dice que quiere colores y se hunde en un mar de rosas, rojos, granates y lilas. Ion está ahí. Y ahora nada más existe. Solo las formas que lo trasladan a ese lugar nuevo que él construye. Camina sobre sus líneas y se funde en sus colores. Sopla y una nube de rosas lo viste. Lo envuelve. Casi las podríamos oler.

Y de repente, alza la mirada.
-¿De qué color es la bandera alemana?- pregunta.
-No tengo ni idea.
Y sigue pintando en esa zona de color. Cuando termina me dice:
-Tú, ¿qué ves?

La obra de Ion es un abstracto dividido en dos. A un lado la noche. Al otro, la luz. Un invierno y un verano.
Me mira despacio para no hacerme daño.
-Es mi médula. La de los grises es mi médula enferma. La que tiene cáncer. La otra, es la que me van a trasplantar. Viene de Alemania.
Y así nombra el cáncer por primera vez. Y hablamos del miedo. Ya no tiene, dice.
-Cuando me diagnosticaron, sí. Ahora me he acostumbrado. Ahora lo que siento es otra cosa. No sé cómo llamarlo.
Y comienza a hablar de lo que significa la palabra esperanza. Y me dice que estará en aislamiento. Y relata la vez que ya estuvo. Y así, recuerda. Y así, lo deja fuera.

Ion representa el poder dañador y de esta manera quizás intenta exorcizarlo, pero también las fuerzas sanadoras que simbolizan su lucha. Une su médula a la médula sana invocando una transformación interior. Otorga poder a esta nueva médula con el fin de ligarle una significación mágica. Y así, el pensamiento mágico se abre camino ante la posible auto curación. En la parte posterior de la obra escribe: “ El cambio.”

SESIÓN Nº2

Hoy es la segunda y última sesión hasta que le hagan el trasplante de médula. Ingresa el lunes que viene. Se supone que no nos veremos en seis semanas.

Elige una marioneta de tela blanca y dibuja un personaje a cada lado. El primero parece estar entre alegre y mareado. El segundo es un personaje triste. Podría parecer un médico.

viaje_fig.2Fig.2

-Quiero hablar sobre ello -me dice. Es como la vez pasada. Representan dos estados de ánimo-. Yo a veces estoy en el lado alegre y otras veces…

Da la vuelta a la marioneta y señala el lado triste, pero no le salen las palabras.

-Menos alegre o no tanto.

viaje_fig.3Fig. 3

Ion parece que no pueda nombrar  las palabras que él considera negativas y entonces soy yo la que las pone en mi boca.

-Triste, enfadado, cansado, dolido, cabreado…

Y él me mira despacio, como entendiendo. Ion no puede nombrar ciertas situaciones o emociones pero sí puede dibujarlas.

Sacarlas de su interior. Dejar que les dé la luz. Sabe que el papel podrá soportarlo. Que yo estaré con él y que nadie resultará herido.
-De aquí en adelante, me gustaría estar más en el lado alegre.

Y ahora soy yo quien entiende.
Hablamos sobre el lado oscuro. Sobre el hospital. El ingreso. El aislamiento. Una vez estuvo ingresado 42 días. Una semana en planta y el resto en aislamiento. Ahora estará más. Me dice que tiene ganas de que todo haya pasado y comienza a realizar un nuevo dibujo.

La copa de un árbol en el centro del papel. Y él siempre tranquilo. Con ese saber estar de maestro. Y yo sintiendo que el tiempo no nos llega. Respirando mi miedo. Respirando también su miedo.

Un tronco y después unas finas hierbas. Seis pájaros negros. Un sol. Una nube. Y una flor.

-Por hoy ya he terminado.

Miro el reloj y veo que aún nos queda tiempo.

-Terminaré el dibujo cuando vuelva del hospital.

viaje_fig.4Fig. 4

Y entonces me doy cuenta de que es una manera de obligarse a volver. Ha dejado algo pendiente. Algo que lo espera. Lo reclama. Lo requiere. Un dibujo inacabado que yo guardaré. Sabe que yo estaré. Que su dibujo estará. Tiene que volver. Y entonces me habla de ese lugar.

Me habla del pueblo de sus abuelos y de ese árbol. La chopa. De su sombra en verano y de las pipas que allí comían. Me habla del silencio, de los pájaros, de la llanura…

-¿Era Castilla?- pregunto.
-Sí. Palencia.
Y hablamos de esa tierra, del calor, del frío en invierno, sabiendo que los dos reconocemos el mismo paisaje. Ion necesita volver a ese lugar. A aquella inocencia. Necesita volver a cuando el mundo era un lugar seguro. Necesita volver y sentir la paz.

-¡Hasta pronto, Ion!

LA ESPERA

La espera, Txiki, fue un estar sin poder estar. Un cordón umbilical que me unía al teléfono de su madre

La espera fue miedo y ansiedad. Fue deseo. Fue invocar. Fue pánico cuando pensaron que se moría y lo tuvieron que sedar.
La espera duró 99 días.

SESIÓN Nº3

-Me alegro de verte -le digo.

Él sonríe y me mira sin tiempo. Callado. Como sabiendo.
Abro la maleta de los sueños. Le muestro los papeles. El material nuevo y el dibujo que aquel día, ahora ya lejano, dejó sin terminar.

-Si quieres puedes seguir con él. Si no, no tienes por qué hacerlo.
Él está sentado a la mesa. Le duele el cuerpo. Yo le acerco las cosas.
-Primero terminaré el dibujo. Luego quizás haga otra cosa.

Cuando vuelve a poseer el dibujo, siento el triunfo. Su victoria. Su batalla vencida a la muerte.
Revivo por unos instantes la pena, el dolor y el miedo de cuando me llamaron porque una insuficiencia respiratoria lo llevó a la UCI. El miedo de no volver a verlo. Lo observo en silencio y sin decir nada me lleno de orgullo.
¿Cómo un cuerpo tan pequeño, tan dolido, tan herido, es capaz de albergar tanta fortaleza?
¿Cómo una apariencia tan frágil puede adentrarse en los infiernos, vencer al diablo y salir del inframundo aún con ganas de sonreír?

Decide seguir con los lápices acuarelables.
Lo observo. Su rostro está hinchado. Una pelusilla incipiente brota de su cabeza. Las cejas han llegado ya. Las uñas con esa huella que les deja la quimio. Como si fuese un antes y un después. Siempre un antes y un después.
Hoy le tiembla el pulso. Las sesiones anteriores al trasplante no temblaba.

-¿Qué tal te encuentras?
-Me duelen las piernas. Es lo que más me duele. Se pierde fácil la musculatura. Ahora la tengo que fortalecer.
-¿Cuánto tiempo has estado sin andar?
-Dos meses. Es lo que más me ha costado. Andar. Al principio andaba con muletas. Ahora ya ando sin ellas.
Y comienza a dibujar. Una línea fina. Verde. Quizás el perfil de una montaña. Y de repente…
-Mi médula es de una chica de 24 años.
-¿Sí?
-Sí. Aún tengo médula mía. En la última prueba aún me quedaba un 20% de mis células. Tiene que seguir regenerándose. Lo bueno es que llegue a que el 100% sea de mi donante.

Sonríe y me mira.
-Me hace gracia que mi médula sea de una mujer. Me gusta.
-Entonces, ¿es como la sangre? No importa el sexo del donante.
-Si la policía analizase mi sangre encontraría sangre de mujer. Puedo cometer un asesinato y si dejase sangre en el lugar del crimen, jamás darían conmigo porque buscarían a una mujer.

Es imposible imaginarse a Ion cometiendo un asesinato. Creo que por eso el comentario de su médico le resulta tan divertido.
Y me cuenta las diferentes maneras que existen de extraer médula. Me habla de cómo se separan las células madre. Y yo viajo por su sangre escuchando las palabras que brotan de él, hoy, sin tregua. Como si necesitara vaciarse de tanta experiencia. De tanto recuerdo. Sacarlo fuera. Mostrármelo. Exponerlo. Hacerme testigo de ese túnel. De ese lapsus en el tiempo.

-¿Cuánto tiempo estuviste sin comer?
-Mucho.

-¿Te gusta comer?
-¡Mucho!
Y se ríe.
-Hice muchas listas. Todas de comida. De lo que comería cuando pudiese comer. Hice una lista de postres. Unos quince. Unos veinte primeros y veinte segundos. No podía comer y me seguían trayendo la bandeja. Les dijimos que no la trajeran. Que no podía comer. Pero ellas seguían. Y después lo tiraban todo a la basura. Una enfermera joven me iba diciendo dónde podría encontrar la mejor pizza, la mejor hamburguesa, la mejor… El día se hace largo sin comer. Es diferente. Te quedas como plantado. Colgado. Veía en la tele a Karlos Arguiñano y un capítulo de una serie donde aparecía mucha comida. Tenía el suero y luego una especie de leche con todos los componentes que necesitaba.
-¿Cuándo empezaste a comer?
-Cuando me entubaron en la UCI me pusieron un tubo hasta el estómago por donde entraba el alimento. Yo no me enteré de nada pero mi estómago se puso a funcionar. Yo estaba sedado.
-¿Cuándo estabas sedado soñabas?
-No recuerdo nada. Y tampoco las horas anteriores a que me sedaran. Esta sedación te borra las horas antes. Tampoco recuerdo luego cómo volví.

Y continúa perfilando montañas. Y yo apenas veo el paisaje porque me he trasladado con él a una sala de hospital, a la UCI, a los pasillos…
Mi mente viaja veloz de un lugar a otro. La zona de trasplantes y el paisaje de Palencia donde el árbol se va arraigando.
Cuanto más atrás vamos dejando el hospital más cuerpo va tomando la “chopa”, la tierra, Castilla y su cielo.

-En todo el tiempo donde mejor estuve fue en el aislamiento.
-… ¿Y eso?
-Tenía tele todo el tiempo. Después no. Después era de pago y salía muy cara. La habitación era grande y podía andar. Tenía mi “tablet”. Me la regalaron en Reyes para eso. En pediatría tenemos habitaciones individuales pero esta vez me llevaron a hematología. Primero compartí habitación con un sacerdote. Era majo pero a las noches roncaba mucho. A la mañana volvía a ser majo. Pero también nos hacían la analítica a las seis de la mañana para que la pudiesen tener los médicos cuando vinieran. Cuando podía andar salía al pasillo pero estaba atado. Tenían que ponerme dos medicamentos a la vez. Tenía una vía al reservorio y otra en la ingle. En la vena femoral.
-¿Duele?
-No es dolor. Es molestia. Es incómodo. Estás atado.
-Sabes mucho de medicina.
-Sí. Creo que deberían convalidarme algunas asignaturas -y se ríe-. Cuando me van a sedar, sé qué medicamentos van a utilizar y en qué dosis.
-¿Sabes qué vas a estudiar después?
-Una ingeniería: Biomédica. Es nueva.

Una flor. Dos. Su rostro se ilumina y pinta rayos a su nuevo sol .

-Echaba de menos mi cama. Ahora no quiero salir de ella. No quiero levantarme.
Cuando me dijeron que volvía a casa no pude dormir en toda la noche. Tuve miedo. Llevaba dos meses controlado en todo momento. El termómetro, los medicamentos, los sueros… Estaba controlado. Me daba miedo volver a casa y… me daba inseguridad. Y después, cuando llegué a casa, no me hallaba. No me encontraba. Había pasado dos meses fuera.
-¿Tienes la sensación de volver de un viaje?
-No. Bueno, no sé. Dentro de quince días me vuelven a sedar. Tienen que volver a analizarme la médula y tienen que controlarme el medicamento contra el rechazo. No es bueno ni que haya mucho ni que haya poco en la sangre. Cuando bebí por primera vez me di cuenta de que se me había olvidado eructar. Tuve que volver a aprender. Pero no sabía cómo se hacía. Hacía fuerzas pero no sabía dónde.

Alguna que otra nube se perfila en el cielo. Parece amable. Quizás de verano.

Habla como si estuviese allí. Dibuja aquí y su mente registra allí. Donde ya fue. De donde pudo volver.

-Ahora las tripas me hacen ruido. Aunque no tenga hambre. Me suenan todo el tiempo. Es raro. Lo primero que comí fue una rosquilla de las que hace mi abuela -y yo recordé en esos momentos a la mía. El amor transmitido siempre a través de los alimentos.
-¿Tuviste dolores?
-En la boca. Las llagas de la boca es lo que más me dolió. Cuando volví del hospital me tuve que hacer un poco zurdo. Tenía una vía en la diestra y tuve que aprender a comer con la zurda…Este árbol está en el pueblo de mis abuelos.

viaje_fig.5Fig. 5

-Lo sé. Lo recuerdo. En Castilla. Comíais pipas con tus amigos.

Me mira y sonríe.
-En el pueblo de los abuelos ya no hay jóvenes. Cuando vamos es para estar con los abuelos y los aitas (padres). Creo que ya está. No se me ocurre qué más hacer.

Y veo montañas. Flores. Orden y simetría.
Y veo a alguien que ha vuelto de muy lejos. Veo el calor. La vida que calienta con más ganas. Con más fuerza. Con otra fuerza. Desde otro lugar.

El árbol de Ion lleva una nube como sombrero pero se arraiga a un paisaje que ahora lo alberga de otra manera. Con más peso. Con una nueva consistencia.

Miro el reloj y son las siete en punto. Tenía que haberle avisado diez minutos antes. Pero me había ido con él de viaje. Al hospital. A los pasillos. A Castilla. A la loma por la que se tiraban en cajas de cartón que su abuelo les traía. A sus ojos. A sus cejas. A su mano que aún tiembla. Y lo miro y creo estar viendo a Ulises de regreso a Ítaca.

SESIÓN Nº4

Ion comienza a dibujar con lápiz. Borra cualquier nimiedad que considera errónea. Es meticuloso. Concienzudo. Tengo la sensación de que hoy le tiembla menos el pulso.

viaje_fig.6Fig. 6

Vuelve a dividir la hoja en dos. Y después en cuatro. Se recrea en los detalles como si los habitara. Y una vez más, representa los opuestos. Como si se debatiera siempre entre el bien y el mal. La salud y la enfermedad. Lo que es y lo que un día fue. Observo con atención y voy entendiendo cosas. Portal 31. El de la casa donde viven. Según él dos personajes. El bueno y el malo. A un lado la tormenta, las telas de arañas, paredes que se agrietan, un murciélago y una puerta que llora. Al otro un sol, un paisaje amable, pompas de jabón…

-Es el enfado y la alegría –dice-. Se quieren juntar a veces. Cuando hay enfado todo es feo, se rompe, es malo. Todo está mal.
Ion parece que no pueda enfadarse pero sí puede dibujar y representar ese enfado. La ira. Puede conectar con ello y una vez fuera, desnudarlo.

-Cuando  hay alegría, hay magia, belleza, cosas buenas.
Hace referencia a cómo cambia el ambiente de su casa según las emociones que se expresen en ella. Y titula su obra: “Estados de ánimo y alrededores”.

Mientras recogemos, me dice que mañana vuelven a sedarlo. Tienen que hacerle una prueba para ver cómo va arraigando la médula de la donante. Y habla de la anestesia. De los efectos secundarios. De una aguja enorme con la que le pincharán para extraer un poco de médula. Y habla. Y en ese hablar el miedo vuela.

SESIÓN Nº5

Ion dibuja una auto caravana con esa manera suya de atraparme en cada línea. Me cuenta que este verano compraron una. Que era un sueño que tenía su madre. Y que han viajado por Euskadi y por Francia. Le gusta viajar en ella y dice que la relaciona con libertad, descanso y felicidad.

-Si pudieses conducir, ¿a dónde te gustaría ir?

-A Alemania.

-¿Cómo titularías la obra?

-Viaje por Europa.

viaje_fig.7Fig. 7

Y después me dice que mañana tiene que volver al hospital porque le tienen que administrar un medicamento  nuevo. La última vez tuvo efectos secundarios que desconocía y eso le tiene… No utiliza la palabra asustado, ni inquieto, ni ansioso, pero me da a entender que mañana no irá tan tranquilo porque sabe que le puede pasar algo que desconoce. Creo que sabe que le he entendido.

La semana que viene no tendremos sesión. Han contactado con la donante de médula y le van a introducir linfocitos de ella.

Pero Ion no volvió.

Primero llamaron de Aspanogi (Asociación de padres de niños con cáncer).

-Margi, Ion está mal.
Pero yo no quise creerlo. Ion ya había resucitado a la muerte en otras ocasiones. Quizás ahora también lo hiciese.

-Margi, tiene muerte cerebral.
Y entonces creí que me ahogaba. Que un puño negro me estrangulaba la garganta.

Después murió del todo.

Dos meses más tarde entregaba sus obras a Teresa, su madre.

Seis meses más tarde me reuní con ella y volví a volar a través de sus palabras.

LA OBRA COMO LEGADO. ENCUENTRO CON TERESA

Txiki, fui a ver a Teresa el 6 de mayo. Hacía exactamente 6 meses que había muerto Ion. No son buenas las fechas tan señaladas en estos casos, porque arañan el dolor y lo vuelven a dejar en carne viva.

Teresa abre la puerta y con la mirada me dice:
-Mi hijo no está aquí.

Y yo le respondo a esos mismos ojos:
-Lo sé. He venido a verte a ti.

Y entonces ella recuerda. Y volvemos a abrazarnos como siempre lo hacemos desde aquella vez en el tanatorio.
Me siento en el sofá donde solía estar Ion. Al lado ahora de su foto perpetua. Y Teresa cerca. En el sofá de la izquierda desde donde nos puede ver a los dos.

Ella trae la carpeta de Ion y soy yo quien extiende las obras sobre la mesa. Como si todavía, aún, fuesen un poco mías. Después las coloco en orden cronológico. Teresa torna los ojos algo cansados con todo el cansancio del mundo e inicia el vuelo.

-Ion quería vivir y aquí se ve. Esta es su enfermedad. El cáncer. Y esto (señala la medula del donante) es toda su fe y su esperanza. Todo lo bueno que aún estaba por venir.  Es su optimismo. Esa era nuestra única arma. Y esto, toda su fuerza. Yo pensaba que Ion me necesitaba a mí, pero la necesidad era mutua. Ahora lo sé.

Y esto de aquí seguro que son leucocitos, glóbulos blancos, rojos, plasma, células… aquí está toda su inteligencia. Toda su curiosidad. Toda su hambre de saber. Su pasión por aprender. Aquí está él.

viaje_fig.1Fig. 1

Primero observa el lado triste.

-Esto es el hospital. El pijama del hospital. Y todos estos botones
significan la falta de libertad. Todo el tiempo que estuvo atado.

Da la vuelta a la marioneta.

viaje_fig.2Fig. 2

-Y esto es estar fuera del hospital. Lo único que necesitaba Ion para estar bien era no tener dolor. Era sencillo. Cuando estaba bien, no volvía a recordar lo malo.

¡Mira! La sonrisa ocupa más que la boca triste porque él tenía esperanza. Las gafas son para verlo todo. Ion quería ver bien. Los ojos bien abiertos para no perderse nada. Lo malo ocupa poco. Este verde (y señala la ropa de la marioneta) es el color de la esperanza. El regalo era estar bien. El regalo es siempre estar bien. Esto son los altibajos.

Ir quemando etapas. Dejar atrás las cosas malas. El sufrimiento.

viaje_fig.3Fig. 3

Y esto es mi otra vida. Esto es tenerlo todo. Las vacaciones juntos. Éramos cuatro. Era nuestra vida.

Y Teresa recuerda el calor, el sol, la sombra de aquella chopa. La vida sin reloj y sin tiempo. La paz, la alegría. Y regresa al pueblo y vuelve a contemplar a su hijo con apenas cinco años lanzándose ladera abajo en aquella caja de cartón que le había regalado su abuelo. Y a Juan, el padre de Ion, que tenía que frenarlo para que este no llegase a la carretera.

Y recuerda las risas. El olor. Los pájaros. Y Teresa me mira a mí pero yo sé que es a él a  quien ve.

viaje_fig.5Fig. 5

-Después de la mitad de este dibujo volvimos al hospital.

Y viaja al hospital y se le cambia el semblante. Y Ion vuelve a estar atado a esas máquinas, a esos cables, líquidos y agujas. Pero también recuerda cómo jugaban a encestar en la papelera, cómo se grababan en video. Recuerda las innumerables listas de comida y su complicidad.

Y por momentos vuelve a recuperar a su hijo y me habla de sus ojos abiertos al mundo. De su blanca piel. De sus manos. De cada rincón de su cuerpo. De cada detalle único en él.

Y entonces siento que lo único que desea en esta vida es volver a abrazarlo y poder así espantarse el frio del alma.

– Nos dieron el diagnóstico de cáncer el 31 de mayo.

– Ion no quería preocupar a su hermano.
Lo protegía. Solo le contaba lo necesario. Le evitaba todo el dolor que podía.

viaje_fig.6Fig. 6

– Falta el cuarto porta bicis. Aquí solo hay tres y éramos
cuatro.

– Quizás no tenía sitio -comento.

– Sí. Sí tenía sitio.

– Ion no quería morir y las imágenes lo confirman. Y confirman su lucha. Su guerra. Su manera brillante de hacer en esta vida. Y confirman su pasión. Su amor. Su deseo de estar vivo.

viaje_fig.7Fig. 7

Teresa dice que no quiere olvidar. Que quiere recordar su piel. Que quiere recordarlo todo. Recordarlo siempre. Y sonríe porque vuelve a ver a su hijo. Y le pide que cuide de su hermano. Que lo proteja siempre. Que le dé fuerzas.

Y habla del enfado con la vida y a la vez le da las gracias por estos 17 años junto a él.

Habla del viaje que hubiesen realizado a Alemania. Quizás, por toda Europa.

Y llora solo a ratos, porque su llanto parece ya eterno.

-Quiero recordarlo todo. Quiero recordarlo siempre.

Me habla a mí y lo mira a él.

-¿Sabes, Margi? Ion nunca se rindió.

CONCLUSIONES

Nunca oí a Ion quejarse. Ni lamentarse. Ni hablar de su dolor. Nunca vi a Ion mostrar rabia, o ira, miedo o impotencia.

Jamás hizo un comentario negativo hacia nadie. Supongo que esa necesidad de proteger a los suyos, no le permitía hablar de aquello que en lo más hondo sentía.

Quiero pensar que pudo representar ese lado oscuro a través de algunas de las imágenes que fue creando. Que pudo
representar su sombra y sus tormentas en las paredes agrietadas y en aquella  puerta que según él lloraba.
Pero Ion también utilizó las imágenes  para hablar de la esperanza. Para invocarla. Para hacerla suya. Y supo investir las obras de la magia que para ello necesitaba.

Creo que a veces Ion se recreó en sus dibujos para escapar de su dolor, de sus miedos, de su ansiedad. De su presente. De su cuerpo. Para ausentarse de su situación y viajar a otros lugares. Para volver a su paraíso en Palencia. Para volver a la paz. A la ingenuidad perdida. Para volver al amor de unos padres, de unos abuelos, de un hermano… todos ellos, entonces, sin miedo.

Y cuando la vida se puso difícil dejó su obra inacabada para obligarse a volver. Y cuando hubo vuelto las utilizó para narrar. Como un hilo de Ariadna eterno que le ayudaba a entrar y salir en salas de hospital, aislamientos, pasillos por donde caminaba atado a su vena femoral, manjares suculentos  que le esperaban, visiones de su médula de mujer, una Alemania que le ofrecía la vida. Otra vida.

La imagen parecía un lugar secreto donde poder confesarse y a la vez descubrirse. Un lugar donde explorar su mundo interior, sus conflictos y donde intentar digerir todo aquello que estaba pasando.

Ion no mostró sus emociones en un vacío porque mi cuerpo estaba al lado de su cuerpo. Porque estaba mi voz. Porque estaban mis ojos mirando en sus ojos. Porque él sabía, que junto a él, estaban despiertos todos mis sentidos.

Cuando la imagen se convierte en legado adquiere una nueva función más allá de las sesiones y de la persona que las
realizó. La obra cobra una nueva vida, una simbología diferente según el observador. Y cada observador elaborará su discurso y cada voz será variable y cambiante en el tiempo porque la obra está potencialmente viva y se resignifica, se re-crea  según la mirada.

Las obras de Ion fueron investidas de un nuevo poder mágico, emocional y simbólico después de su muerte.

La madre ve, encuentra, descubre una nueva “realidad”. Una historia narrada, una nueva voz que le habla a través de las obras realizadas por su hijo.

Cada observador descubre su propio mensaje. El mensaje personal que le deja el fallecido.

Para Teresa las imágenes de Ion fueron un legado. Fueron pruebas tangibles que le confirmaron la fuerza y el valor de su hijo. Obras que le hablaban de su integridad. De su valor. De su coraje. De su lucha y optimismo. Visiones que le devolvieron momentos llenos de vida. Una presencia eterna. La herencia de un hijo que hablaba de unos valores. De su madurez improvisada. De su respeto. De su amor hacia la vida y hacia todos ellos.

Me he dado cuenta Txiki, de que la presencia de Ion en su obra nos habla de la fugacidad del tiempo y de su eternidad cuando el tiempo deja de existir, y nos hace tomar consciencia de nuestra experiencia respecto al tiempo y de nuestra propia existencia. Su presencia es como un eje que nos atraviesa penetrando todas nuestras resistencias para hacernos valorar y tomar conciencia de aquello que nos fue regalado al nacer: la vida, una vida.

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Un pensamiento en “Viaje al otro lado de la vida. Cuando las imágenes nos sirven para volar.

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