Editorial

Nuevamente hemos reunido un conjunto de trabajos para dar forma al volumen 5 de la revista Inspira. Cada uno de ellos afronta y presenta diferentes temas en relación a nuestra profesión, aplicada a diversos colectivos.

Los artículos giran en torno a temas como la salud mental en adolescentes y en adultos, el arteterapia con niños enfermos de cáncer, el impacto del divorcio en los hijos, y sobre maternidad y vínculo afectivo; la entrevista a la escuela Pau Vila conjuga con buena parte de este material.

A pesar de las diferencias entre estos trabajos, me gustaría destacar un factor común en todos ellos. Aunque traten temas distantes como el trastorno bipolar en un adulto o las repercusiones del divorcio en los niños, en el fondo siempre hay conflictos y carencias ancladas en las primeras relaciones afectivas. Aspectos todos ellos de un mundo complicado, en el que estamos inmersos en lo que Fromm llamaba “la patología de la normalidad”; así, tal vez, el miembro de la familia que busca terapia sea en realidad el emergente más sano de su entorno.

Y pensaba que quizás buena parte del contenido de cualquier libro de psicopatología no es en sino un compendio de consecuencias de la falta o de la distorsión del amor en sus muchas versiones.

Es obvia la relación directa entre el vínculo materno-infantil con la salud mental, personal y social. De ahí la importancia de la madre suficientemente buena de la que hablaba Winnicott, pero también, no lo olvidemos, de un padre suficientemente bueno (no se habla mucho de ellos) y de una comunidad o un entorno social contenedores.

Una madre puede ser “suficientemente buena” por sí misma, pero esta eficiencia básica necesita también del apoyo de una figura paterna y de un entorno familiar y social que aporten suficiente estructura y bondad.

Con estos pensamientos en mente me encontré con la noticia de que en Suecia cerraban cárceles por falta de delincuentes, y al mismo tiempo con un artículo de Isabel Fernández del Castillo, en el cual relaciona esta noticia con el hecho de que este país llevara ya mucho tiempo apoyando a las madres en la crianza de los hijos, con un permiso de maternidad de 96 semanas y de 60 días para el padre. Indica así mismo, citando a Michel Oden, como la mejor forma de crear personas agresivas es entorpecer el vínculo del niño con la madre.

Existe pues una proporcionalidad directa entre la estabilidad y la salud del mundo interno de cada persona, con el amor recibido y el amor dado (y bien aceptado), sin olvidar el rol fundamental de la red de relaciones familiares y de la comunidad en la que se desarrollan.

Como arteterapeutas, tenemos clara la base de todo lo dicho anteriormente, si bien necesitamos potenciar una visión lo más global y sistémica posible, a fin de comprender en profundidad la tarea que realizamos, sin olvidar nunca que cada persona llega a la sesión con la familia puesta, y de alguna forma también con la comunidad a la que pertenece, o bien la ausencia de ésta.

Posiblemente el grano de arena que podemos aportar desde nuestra profesión tenga que ver con crear y fortalecer vínculos, así como abonar la conciencia, ofreciendo las condiciones idóneas para que germine aquello más esencial y sano de cada uno.

 

Montserrat Montané                                             montserratma@artterapiagranollers.com

Texto en catalán aquí: editorial5cat

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