Viaje al No-saber. Arteterapia de una sola sesión y la dimensión espiritual en oncología y paliativos

Tobias Schwizgebel

Arteterapeuta y educador social. Experiencia en Arteterapia con pacientes paliativos y oncología, adolescentes en situación de acogida. Talleres de expresión artística con adolescentes en riesgo de exclusión social. Procesos creativos con dinámicas grupales.

t.schwizgebel@gmail.com

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SUMARIO

En el presente escrito se expone la relación entre la espiritualidad, el Arteterapia y el hecho de contar con una sola sesión o a lo sumo dos. Esta relación se enmarca en el contexto hospitalario, concretamente en oncología, enfermedad de vida amenazada y paliativos. Parte de la intervención de Arteterapia en la planta de ingresados de oncología y hematología de un hospital de Barcelona durante los meses de octubre 2016 a junio de 2017.

Se trata de un estudio de observación, reflexión y experiencia personal ilustrado con diferentes viñetas clínicas de las sesiones con los pacientes.

De esta intervención se destaca la vivencia de la dimensión espiritual de algunos pacientes y cómo la han compartido en la sesión de Arteterapia.

Se analiza la concepción de la enfermedad y muerte como momento existencial y de despertar espiritual, mediante el acompañamiento y relación terapéutica que ofrece la práctica de Arteterapia. Y de qué manera esto condiciona la actitud frente a la incertidumbre, la vivencia subjetiva del tiempo, la trascendencia y, en definitiva, mejora la calidad de vida en cuidados paliativos y oncología.

PALABRAS CLAVE: Arteterapia, Espiritualidad, Sesión única, Oncología, Cuidados paliativos

ABSTRACT

In the present paper the relationship between spirituality, Art Therapy and the fact of having only one session or at most two, are exposed. This relationship is framed in the hospital context, specifically in oncology, life threatened disease and palliative care. It is based on the intervention of Art Therapy in the oncology and hematology admission plant of a hospital in Barcelona during the months of October 2016 to June 2017.

It’s a study of observation, reflection and personal experience illustrated with clinical vignettes of sessions with patients.

This intervention highlights the experience of the spiritual dimension of some patients and how they have shared it in the sessions of Art Therapy.

The conception of illness and death as an existential moment of spiritual awakening is analysed through the accompaniment and therapeutic relationship offered by the praxis of Art Therapy. And how this helps to face uncertainty, subjective experience of time, transcendence and ultimately improving the quality of life in palliative care and oncology.

KEY WORDS: Art therapy, Spirituality, One-off session, Cancer care, Palliative care

INTRODUCCIÓN

El acompañamiento espiritual es uno de los aspectos que se contemplan en una intervención holística en cuidados paliativos, un enfoque que tiene como objetivo la mejora de la calidad de vida de los pacientes y sus familias frente al problema asociado con las enfermedades potencialmente mortales.

El tratamiento de arteterapia en el ámbito hospitalario con pacientes de vida amenazada, oncología y cuidados paliativos debería, del mismo modo, tener en cuenta la dimensión espiritual de éstos.

En mi experiencia en la intervención de arteterapia realizada entre octubre del 2016 y junio del 2017 en la planta de oncología y hematología de un hospital de Barcelona, emergen una serie de cuestiones y experiencias referentes a la dimensión espiritual. La vivencia y comunicación de algunos pacientes durante las sesiones, me interpelan a tener en cuenta y notar esta dimensión.

Del mismo modo mi propio proceso personal también ha contribuido a poner el foco en este aspecto de la práctica. Hace 18 años que practico meditación y en los últimos años he tenido oportunidad de realizar un voluntariado ofreciendo meditación en cuidados paliativos a domicilio. Esta práctica no necesariamente implica una experiencia espiritual especial, pero actualmente no puedo negar que influye en la manera de vivir y en la manera de disponer el setting interno en una sesión de Arteterapia. Así confluyen emisor y receptor de esta temática.

En este escrito se pretende sugerir que arteterapia ofrece un canal de conexión con uno mismo que posibilita la expresión de una profunda y sincera dimensión espiritual que contribuye en la mejora de la calidad de vida en los pacientes. Y acompaña en el buen morir.

El otro eje que se explora es la experiencia de procesos cortos. La singularidad de la situación de hospitalización hace que en la intervención que analizo se realiza en una sola sesión en la gran mayoría de casos. Esto me lleva a cuestionar el valor cualitativo del tiempo de una sesión, el alcance que puede tener, las expectativas y la profundidad de la intervención.

Del mismo modo se tiene en cuenta la noción del tiempo para los enfermos de cáncer y paliativos y cómo influye esto en una única sesión.

En la narrativa del relato recorremos junto a los pacientes un viaje hacia lo desconocido, partiendo de la situación existencial que provoca la enfermedad. Es un viaje acompañados, que invita a la conexión, a observar la relación terapéutica que se establece en la sesión.

Explorar la incertidumbre a través del arte y encontrar el destino en el viaje mismo, en la presencia atenta de este momento inefable.

Y finalmente observar lo que queda después, la trascendencia de la obra.

MARCO TEÓRICO:
Oncología, Paliativos y Arteterapia

La intervención se realizó en la unidad de oncología y hematología de un hospital de Barcelona. No todos los pacientes ingresados están en fase terminal de la enfermedad, hay situaciones y pronósticos muy diversos. Quiero centrar mi atención en los casos que compartieron parte de su proceso de despertar espiritual.

Oncología

El cáncer ocupa el segundo lugar, después de las enfermedades cardiovasculares, en las causas de la muerte, lo que representa el 25% de todos los fallecimientos (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2007).

Sobre los usos y beneficios de Arteterapia en tratamiento oncológico hay investigación y cabe mencionar la que ha realizado Michelle Wood (2010) y colaboradores. El propósito de esta investigación fue evaluar y sintetizar la evidencia de investigación disponible para el uso de arteterapia en el manejo de síntomas en adultos con cáncer.

Las dificultades psicosociales comunes experimentadas por los pacientes con cáncer son fatiga, depresión, ansiedad, preocupaciones existenciales y relacionales. El arteterapia es una intervención que se está desarrollando para abordar estas dificultades. Los beneficios más importantes observados en la investigación fueron la mejora en los síntomas psicológicos de angustia y conflictos emocionales, en el estado general de salud, en el cansancio, en la calidad de vida y los recursos encontrados para sobrellevar la enfermedad, entre ellos el refuerzo de pensamientos positivos y el mayor acceso a sentimientos difíciles de expresar. Las mediciones de estos efectos se realizaron mediante cuestionarios, entrevistas en profundidad, análisis de la producción artística de los pacientes, informes narrativos de las sesiones efectuados por los arteterapeutas, e incluso marcadores de estrés en muestras de saliva de las 4 personas enfermas. Resultó evidente que el arteterapia es utilizado en todas las etapas de la enfermedad.

Paliativos

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): El cuidado paliativo es un enfoque que tiene como objetivo la mejora de la calidad de vida de los pacientes y sus familias frente al problema asociado con las enfermedades potencialmente mortales, a través de la prevención y alivio del sufrimiento mediante una identificación temprana y una evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicosociales y espirituales.

En el ámbito de la enfermedad avanzada y terminal, los pacientes, sus familiares y también el personal sanitario deben afrontar el difícil escenario de la finitud de la vida, generalmente impregnado de sufrimiento, compuesto a su vez por elementos y factores muy diversos. Deterioro general irreversible, pérdida de autonomía y de autoestima, miedos y temores, cuestionamientos existenciales, como mayores problemáticas, caracterizan esta etapa. Esta situación de salud requiere una aproximación holística, es decir una atención integral a las necesidades que surgen en muy variadas dimensiones, tanto para la persona enferma como para su entorno de seres queridos.

La aportación del arteterapeuta es valiosa ya que ofrece herramientas de expresión simbólica para responder a las necesidades emocionales y espirituales del paciente y su familia, en particular aquellas para las cuales las formas de comunicación verbal habituales no son suficientes o adecuadas. Como consecuencia, algunos asuntos pendientes para el enfermo y sus familiares pueden aflorar y encontrar vías de resolución, sin haber sido expresados antes verbalmente. El arteterapia contribuye así a una atención más integral u holística.

Arteterapia y Espiritualidad

La propia voz

Nuestra cultura contemporánea está marcada por una consciencia materialista, que junto al reduccionismo científico ayuda a perpetuar una existencia humana estrechamente ligada al consumismo, al sin sentido, a lo inmediato, al individualismo y a una superficialidad en el terreno relacional.

Sin embargo, pese a los múltiples avances científicos, la neurociencia no es capaz de definir la parte inmaterial de la consciencia humana, es resistente a la investigación e incluso la física de mecánica cuántica apunta a un misterio insondable.

A pesar de todo, el concepto de alma ha sido descartado de la corriente ideológica en general y relegado al lamento de algunos artistas, al mundo simbólico y a la poesía, cuando no es tratado desde el punto de vista de una teología mayoritariamente obsoleta.

Desde la sociología y la psicología se pretende explicar los procesos humanos y sorprendentemente la mente humana sigue siendo objeto de hipótesis, de teorías y posiblemente de más interrogantes que respuestas.

Generalmente nuestras ideas y creencias entorno a la espiritualidad están encajonadas en los antiguos paradigmas y dogmas del contexto religioso o por otro lado responden a soluciones rápidas de consumo fácil que ofrece el llamado movimiento de la Nueva Era.

Por espiritualidad (no exclusivamente en un marco religioso) entiendo la aspiración profunda e íntima del ser humano a una visión de la vida y la realidad que integre, conecte, trascienda y dé sentido a la existencia.

Ser capaz de escuchar las propias voces internas y las de la experiencia de gente común que nos rodea puede ser un puente hacia esta dimensión profunda que contribuye en el bienestar y la realización del ser humano, no sólo en los momentos de dolor y a punto de morir, sino también en la vida cotidiana. Con este cuerpo.

Como lo formula la SECPAL, Sociedad Española de Curas Paliativas (2013) se trata de una dimensión interior, íntima, de la que surge un anhelo inagotable que aspira al sentido y la plenitud, a la coherencia e integridad, a la totalidad y al desarrollo de los valores trascendentales como el bien, la bondad, la justicia, la belleza y la paz. El despertar espiritual es fruto de la evolución peculiar de cada uno, supone la apertura de un nuevo sentido que podríamos llamar Intuición y está asociado a una serie de momentos privilegiados, como son: momentos de gran sufrimiento, de duelo o de proximidad de la muerte; momentos de gran felicidad y amor; en contacto con la belleza y el arte; en contacto con la naturaleza; en la pertenencia a un grupo o comunidad; en la oración, en la contemplación.

Podemos buscar, sin avergonzarnos de nuestras emociones e intuiciones, una manera personalizada de sentir nuestra dimensión espiritual profunda y sincera que se manifieste en nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás, en nuestra percepción de la realidad.

El desarrollo espiritual constituye una dimensión intrínseca del ser humano; es una característica propia de sus capacidades y modo de existir. La necesidad de plantearse interrogantes existenciales y de conferir autenticidad y sentido a la propia experiencia son inherentes al desarrollo humano. Por eso, como señala la Association of American Medical Colleges (1999), el desarrollo de la espiritualidad está reconocido como factor que contribuye a la salud de muchas personas y es especialmente acuciante en la etapa final de la vida.

Psico-Terapia y espiritualidad

En el territorio de la psicoterapia nos encontramos con complejas teorías acerca del Self y constructos que orientan la hoja de ruta de nuestra práctica del Arteterapia. En algunas ocasiones la espiritualidad es considerada disfuncional o fruto de una psicopatología y en otras una visión complementaria.

Freud mantuvo que la conducta ambivalente (amor/odio) del niño respecto a la figura del padre toma en los adultos la forma de fe. Para algunos psicoanalistas, como el británico Winnicott (1964), la Religión sería una “ilusión sana” y Dios podría ser considerado como una representación de objeto transicional altamente personalizada. Recientemente, se postula que la espiritualidad recupera el modo pre-verbal de relación del bebé con el mundo, la intuición intersubjetiva del bebé con su madre.

Se puede también interpretar la espiritualidad como capacidad reparadora, según Melanie Klein (1937) la angustia de perder la seguridad que brinda la figura materna da lugar a la agresión y luego a la culpa. Este dinamismo se desarrolla en la posición depresiva del niño que nunca nos deja por completo. De esta posición brota el impulso a la reparación: el yo empieza a integrarse y fantasías y acciones de reparación alivian la angustia experimentada. El deseo de reparación está asociado con nuestra capacidad para llevar a cabo un proceso de duelo: el impulso a la reparación supera la desesperación que surge de los sentimientos de culpa y luego puede predominar la esperanza y quizás la fe.

Como dice Ugartechea (2011) en su artículo religión, psicoanálisis y dogmatismo, se puede distinguir entre la religión “dogmática”, que consiste en una serie de principios basados en el dogma y en reglas de conducta rígidas, y la religión “espiritual” que es la creencia en determinados conceptos que residen profundamente en la psique colectiva de la humanidad. Por ejemplo, la importancia de perseguir la satisfacción espiritual, de vivir una vida cargada de significado y propósitos y la eternidad del alma. Son temas individuales decididos frecuentemente por razones de temperamento y psicológicas.

Una auténtica espiritualidad no podrá ignorar las estructuras de personalidad ni los dinamismos psicológicos. De hecho, es difícil que ésta se dé cuando la personalidad no está suficientemente estructurada ni integrada. El “pequeño yo” debe estar consolidado para ser trascendido e integrado en una experiencia espiritual. El proceso terapéutico puede ayudar a personas con un interés espiritual a reconocer las motivaciones inconscientes, a discernir los momentos de autoengaño y a integrar la experiencia.

La espiritualidad y la psicología se complementan y enriquecen mutuamente, aunque sus campos sean muy diversos y operen en diferentes planos.

Finalmente, la auténtica espiritualidad produce en el ser humano una transformación interior, tanto en sus capacidades y nivel de conciencia, como en sus comportamientos y actitudes.

Dyson (1997) afirma que a través de la espiritualidad se incrementan los recursos internos de la persona y se refuerza el Yo (Self). Además, el sentido de pertenencia a un Todo superior y la conexión con esta fuente de Vida nos da consistencia interna, nos motiva, nos capacita, nos da energía y nos genera confianza y esperanza y, con ello, mayor capacidad de afrontar dificultades y problemas. Todo lo cual repercute en un mayor bienestar psicológico y buena salud mental.

Acompañamiento espiritual en cuidados paliativos.

Hay autores que describen una actitud que se ha mantenido respecto a los enfermos terminales de considerar la muerte, ”la única actividad humana que no podemos controlar o negociar” (Evans, 2005, p. 4-5) el tabú por antonomasia y hacer como si no existiera, por consiguiente, negar también el duelo asociado. En contraposición existe una actitud, más reciente históricamente, en la que se ha optado por la mejora del morir, devolviendo al moribundo su dignidad descuidada y dignificando los procesos de elaboración y superación del dolor de los familiares.

Cada vez más en el contexto de paliativos se promueve una atención integral y holística que preserve la dignidad de la persona y conduzca a una buena muerte. Esto responde a una estrategia terapéutica que se orienta hacia la calidad de vida y aquí es donde la dimensión espiritual también es contemplada.

“La convivencia con lo incurable, el proceso de morir y la muerte, son momentos absolutamente trascendentales de la existencia y requieren la serenidad de un entorno atento y compasivo, que sepa aliviar o al menos reducir el sufrimiento y respetar “el fluir de un tiempo relativo, un tiempo que cierra sus puertas sobre la finitud, para abrir otras sobre lo irrevocable y lo inconmensurable”. (Collette, 2010, pp 13-19)

Quisiera resaltar la visión que ofrece SECPAL (2008) e invita al acompañamiento en la dimensión espiritual de las personas que sufren, sean religiosas o no. Definen la espiritualidad como un movimiento de búsqueda personal en tres direcciones:
• hacia el interior de uno mismo en búsqueda de SENTIDO;
• hacia el entorno en búsqueda de CONEXIÓN;
• hacia el más allá en búsqueda de TRASCENDENCIA.

El sentido apunta hacia la relación intrapsíquica. Sentimiento de integridad y encuentro de sentido a la propia existencia.

La conexión hace referencia a la relación interpersonal, ser reconocido como persona y respetado en su dignidad, ser amado y amar, estar en armonía con las relaciones presentes y pasadas.

La trascendencia trata la relación transpersonal. La posibilidad de vivir en sus obras, ser recordado y dejar un legado, tener confianza y esperanza: en el cosmos, la historia, un Ser Superior, Dios, etc.

El Santuario de la sesión de Arteterapia

En mi opinión el camino del arteterapeuta tiene como principal objetivo conocerse a sí mismo, más que ayudar o curar a la gente. Conocerse a sí mismo es un camino de por vida, un camino experiencial y de sabiduría que puede convertirnos en acompañantes “suficientemente buenos” en los caminos de nuestros clientes.

La búsqueda del sentido, la libertad, la incertidumbre, la soledad, la muerte… esas grandes cuestiones existenciales, que ya fascinaban a nuestros ancestros, son preguntas espirituales que han dado respuestas artísticas. Estas cuestiones han sido básicas para la historia de la evolución de la conciencia humana. Una evolución que se puede describir en términos de imágenes, de símbolos, desde las pinturas rupestres prehistóricas hasta cualquier expresión artística que haya mantenido y aún sostiene alguna verdad para los seres humanos.

El objetivo último del Arteterapia es posibilitar un cambio hacia un mayor desarrollo, conocimiento e integración personal. No es distraer a la persona o evadirla de sus dificultades vitales sino, estimulando una experiencia creativa, ayudar a que estas dificultades, incluyendo el dolor y el sufrimiento puedan percibirse y trabajarse desde una nueva mirada.

La espiritualidad puede entenderse a través del proceso de creación de significados y la afirmación de valores y creencias individuales. Es un territorio de la experiencia humana que se puede navegar a través de la expresión no verbal hecha posible por el arte. La aportación del arteterapeuta es valiosa en cuanto ofrece poderosas herramientas de expresión simbólica para responder a las necesidades emocionales y espirituales del paciente y su familia, en particular aquellas para las cuales las formas de comunicación verbal habituales no son suficientes o adecuadas.

El arte como una forma de respuesta ante un gran misterio y probablemente también ante un gran miedo, permite “decir lo inefable”.

Crear un Sentido en arteterapia es un fenómeno particularmente significativo en el contexto de trabajar con personas que tienen una enfermedad terminal. Es un proceso profundamente subjetivo, creativo e intuitivo.

Arteterapia es un recurso que proporciona una relación terapéutica y, a través del arte, permite expresar y explorar las necesidades espirituales. El uso de materiales artísticos es un registro tangible, material y que permite una visualización de la búsqueda de sentido, la contemplación de la espiritualidad y la comprensión espiritual.

Winnicott (1971) expone una zona de juego que no está identificada con el mundo interior ni con la realidad del mundo exterior. Veía en este espacio transicional su profunda significación como base del arte, la cultura y el crecimiento espiritual.

En la creación artística, nos absorbemos en este espacio transicional o potencial, este espacio creativo entre “yo” y lo externo a “mí”. En este espacio hay lugar para la inspiración, la creencia, la fe y la transformación. Aquí creatividad y terapia se producen. En arteterapia, el espacio de transición es compartido por el terapeuta, la persona, la creación y la obra de arte en sí.

Este espacio ofrecido en un contexto como el del ingreso hospitalario puede ser vivido como un santuario, una ruptura del tiempo y espacio ordinario. Y la acción puede adquirir una dimensión ritual con el manejo de símbolos y materiales.

 

Una sola sesión y la noción de tiempo

Arteterapia es una travesía de un tiempo y de un espacio. En arteterapia el viaje se hace, como si dijéramos, desde dentro, desde lo más interno, desde la necesidad de vivir-se de otro modo en el transcurso de la sesión de arte terapia. Esto es lo nuevo y tremendamente positivo: uno se da permiso, desde la seguridad del maquinista, de abandonarse para encontrarse en lo desconocido de uno… (Coll Espinosa, 2006, p.41)

Una sola sesión

Siguiendo con la metáfora, este escrito relata un inicio de viaje, del zarpar o quizás enfatiza que el destino del viaje es cada paso que se da. Disponemos de una sola sesión o a lo sumo dos y se realiza en un espacio muy concreto (el de la hospitalización). Como arteterapeutas se nos pide adaptarnos a los diferentes colectivos y no podemos ofrecer un servicio homogenizado a todos los pacientes.

¿En 60 minutos se puede realizar un ciclo completo, de ida y vuelta? ¿Es el destilado de un proceso que en otros contextos podría ser de meses?

En palabras de Michelle Wood (1998) “Una única sesión no difiere de los objetivos generales de la terapia, en la que el proceso de cambio es iniciado en las sesiones y no finalizado”. A la vez que: “…a veces la única sesión es una experiencia oportuna y profunda que desafía, construye o confirma algo en el paciente y se convierte en un hito en su vida”. (Wood, 1998, p.145).

Esta única sesión puede ser lo suficientemente significativa para que deje un efecto tras de sí, de hecho, cualquier encuentro puede ser así, como dice Cyrulnik “Sólo los mitos confeccionan relatos deterministas. En el mundo real, cada encuentro constituye una bifurcación posible” (Cyrulnik, 2001, p. 44).

La aproximación del arteterapeuta puede habilitar trabajar con la relación de transferencia incluso en una sola sesión, según Jacqui Balloqui (2005) esto puede ayudar a pacientes a dirigirse a preocupaciones emocionales y espirituales. Afirma que se puede mantener el foco en la psicodinámica de la relación mientras se exploran temas existenciales de forma más directiva.

Resalto la importancia de explicitar antes de empezar la sesión que probablemente se trate de una única sesión. Ayuda a rebajar las expectativas de lo que puede ofrecer un tratamiento a largo tiempo, centrar los objetivos y adaptarse a lo que el paciente necesite en este momento.

La sesión puede estar llegando en un momento apropiado, puede coincidir justo con la necesidad de redefinir, expresar y confirmar la realidad interna del paciente.

La noción de tiempo

Me parece pertinente resaltar la analogía entre la finitud y unicidad de la sesión, con las experiencias subjetivas de temporalidad de los pacientes con enfermedades de vida amenazada y curas paliativas. Ante el pronóstico de posible o inminente muerte, se evidencia inevitablemente la unicidad y finitud de la vida. ¿Cómo se vive el tiempo con esta perspectiva?

¿Un enfoque en el aquí y ahora es un factor cualitativo del tiempo de la sesión, del tiempo que nos queda por vivir?

Para un paciente las condiciones de hospitalización y el deterioro de su estado general suelen ser sinónimos de una gran inactividad y dilación de los tiempos de espera, que pueden parecerle una eternidad difícil de soportar. Recordemos al respecto la reflexión que hace Bayés (2001) sobre la percepción subjetiva del tiempo de un enfermo en situación terminal, que nos puede servir como un valioso indicador de su grado de confort y bienestar.

Un aspecto de las enfermedades que amenazan la vida y en especial del cáncer es la sensación de atemporalidad, de pasaje entre dos momentos, una cierta ambigüedad. La espera entre tests o tratamientos es una rotura con el tiempo tradicional, una discontinuidad del tiempo subjetivo, una especie de limbo (Turner 1982, mencionado por Sibett 2005) o tiempo liminal, es decir, estar fuera del tiempo, ni aquí, ni allí. En el umbral entre la vida y la muerte.

Aquí y ahora

La percepción subjetiva del tiempo para el paciente, también lo es para el arteterapeuta, y el estado de limbo también aparece en las sesiones con su consecuente incerteza. ¿Cómo saber estar con el momento de no-saber? ¿De qué manera cultivar la habilidad de esperar?

En mi opinión el punto de encuentro es la conciencia y atención del momento presente en la sesión. Creo que la experiencia del aquí y ahora, permite que una única sesión sea un ciclo completo en sí mismo.

En los casos que expongo he podido observar que parte del proceso de aceptación de la finitud, de la falta de tiempo o futuro es una mayor presencia. Da la impresión que vivir más consciente del momento presente le da una nueva dimensión cualitativa al tiempo. Vivir intensamente y plenamente el presente, con lo que hay: dolor, paz, tristeza, alegría…

En palabras de Nadia Collette (2011): “El trabajo arteterapéutico en la dimensión del aquí-y-ahora, ayuda a las personas afectadas directa o indirectamente por la enfermedad a adaptarse a la conciencia de la incurabilidad y de la muerte próxima. Contribuye a buscar el espacio vital posible para que se instale, en lugar de la esperanza de futuro, engañosa en la etapa de fin de vida, la esperanza realista del presente, momento a momento”. (p.87 )

TEMAS QUE HA APARECIDO EN LAS SESIONES

La enfermedad como maestra

A lo largo de estos meses y en el encuentro con los pacientes observo una característica común. La enfermedad de vida amenazada marca un antes y un después en las vidas de los pacientes. Es un hito en el camino, un punto de inflexión que hace replantearse todo. Desde la actitud frente a los demás a la relación con uno mismo. Es una reevaluación de prioridades, una resignificación de la vida y en general una toma de consciencia trascendental.

Este es el punto de partida en la búsqueda de sentido y sentir que ofrece arteterapia.

En su obra y la sesión, hay una invitación a volver a lo esencial, a lo que es importante para uno mismo.

En algunos casos el proceso va acompañado de un despertar de la dimensión espiritual, impulsando una necesidad de sentido y sentir, autorrealización, conexión, compromiso y autenticidad.

Como dice Yalom (2013) en su libro Mirar al sol, un enfrentamiento con la muerte, una enfermedad grave, es una experiencia urgente e irreversible, produce un cambio en la conciencia, una transformación de la personalidad constituyendo “experiencias de despertar”.

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Fig. 1

Se ha podido percibir la diferencia entre las creencias, y la experiencia personal. “Descubrir el propio corazón” apunta a una experiencia personal que implica saber, saborear, sabiduría más que creer.

En los momentos existenciales de despertar y de resignificación, el arte puede ser una gran herramienta de creación de significado y de narrativa. Arteterapia en este aspecto acompaña un proceso que paradójicamente es creativo. No sólo se crea un nuevo sentido, además permite la comunicación de la experiencia vital de un nivel profundo de conciencia.

Conexión

Uno de los retos en los procesos cortos o cuando sólo hay una sesión es la creación del vínculo terapéutico. ¿De qué manera se articula la relación terapéutica cuando disponemos de una o dos sesiones a lo máximo?

Durante la supervisión de los casos he podido observar que en el preciso momento que pregunto a los pacientes si quieren realizar una sesión de arteterapia, se puede sentir si hay una complicidad, reconocimiento o compatibilidad.

No he dispuesto de unas sesiones de entrevista y asesoramiento, todo se ha realizado en un breve encuentro en el que he explicado en que consiste una sesión y los pacientes deciden si quieren hacerla. Creo que el mero hecho de aceptar compartir la sesión con mi acompañamiento es una muestra de confianza.

Según Sergi Corbella y Luis Botella (2003), la importancia atribuida a la alianza terapéutica enfatiza la relevancia de la dimensión relacional entre terapeuta y paciente. La relación, el entendimiento, el encaje o la compatibilidad entre ambos facilitan o dificultan directamente esta alianza terapéutica.

En su artículo describen la relación entre la compatibilidad terapeuta/paciente y la alianza terapéutica, concluyendo que a partir de las primeras sesiones se establece (o no) una complementariedad entre terapeuta y paciente y esta complementariedad depende tanto de variables del paciente como de características del terapeuta.

Creo que esta compatibilidad y diría complicidad se puede dar en el espacio fugaz de un encuentro.

Los pacientes han dado muestras de sentirse en confianza, con la seguridad suficiente para una comunicación sincera y profunda, de temas muy íntimos.

La sensación de comodidad que experimentan los pacientes al sentirse acogidos, se puede relacionar con la aceptación o vínculo positivo ¿Qué actitudes y/o factores posibilitan esta confianza a primera vista?

 

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Fig. 2

Relación con la Incertidumbre

Uno de los aspectos que destaco en la experiencia en la planta de oncología ha sido convivir con la incertidumbre constante. ¿Habrá hoy algún paciente que quiera hacer una sesión, estarán aún los de la semana pasada? Con cada nueva persona que accede a hacer una sesión se abre una nueva ventada inexplorada hacia lo desconocido, una nueva relación efímera y llena de potencialidades. Una hoja en blanco.

De las notas del día 16-12-2017:
En el contexto del hospital estoy viendo que trabajo con la incertidumbre, con no saber lo que me encontraré … y que en las sesiones, en el setting, puede haber interrupciones, puede haber sorpresas. Creo que integrar lo que llega a la sesión es un aprendizaje. Y en este caso los pacientes de oncología son los protagonistas, poco a poco he ido flexibilizando mi idea de cómo debería ser una sesión y de que es lo correcto, en función de los pacientes…

Creo que la actitud ante la incertidumbre y como me relaciono con ella es una parte importante en mi aprendizaje como arteterapeuta, pienso que experimentarla ayuda a poder sostenerla cuando aparece en una sesión con un paciente.

En pacientes con cáncer he sentido en varios momentos la transferencia de la incertidumbre vivida con más o menos angustia, con más o menos libertad, dependiendo de en que momento del proceso estaban.

A nivel existencial me atrevo a decir que todos, en mayor o menor medida, hemos podido experimentar preocupación hacía lo incierto, hacía lo desconocido, es un miedo que está presente. Probablemente se pueda explicar desde la teoría del apego y esté relacionado con los vínculos que hayamos tenido. Sea como sea, en mi proceso personal he querido observarlo y sentirlo en mi ser.

Además de la terapia personal, la práctica de la meditación ha sido central en este aspecto, me ha hecho íntimo con la incertidumbre.

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Fig. 3

Sigo sintiéndola, pero la vivo muy diferente y creo que me puede ser igualmente útil en el acompañamiento en Arteterapia.

Volverme íntimo con la incertidumbre requiere una mirada interna atenta, una actitud de curiosidad abierta y receptiva que pueda acoger lo que emerja sin juicios. Requiere una gran confianza, una raíz de fe, querer entregarse al vacío, al no-saber, al misterio.

La apertura a la novedad es la aceptación de la incertidumbre. Precisamente porque hemos desechado los juicios previos, estamos abiertos a cualquier cosa que pueda aparecer. La mente queda sin expectativas, pero a la expectativa.

Análogamente, veo en el proceso creativo el mismo salto al Vacío, pero con la seguridad de que es simbólico. La hoja en blanco es el receptáculo de la incertidumbre, ante ella se puede sentir la angustia de este vacío o sus ilimitadas potencialidades, la fertilidad del Vacío.

En algunos de los pacientes paliativos que he conocido he podido ver esta confianza. Una actitud de libertad, sinceridad y paz respecto al incierto o inminente hecho de morir. Son pacientes que han trascendido e integrado el estado de liminalidad interno que describe Sibett (2005) y están de vuelta en el presente compartiendo la experiencia.

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Fig. 4

Presencia y atención plena

Mi actitud ante un nuevo paciente, con él que probablemente sea la única sesión que se haga, difiere a los procesos largos que son más habituales en Arteterapia y que se observan en supervisión. Se rebajan mucho las expectativas y la ansiedad de querer que ocurra algo. Al no poder observar patrones o tener un abanico de información, me resulta inútil intentar buscar soluciones o sacar conclusiones, ver al paciente como un acertijo a resolver. Cuando no hay un proceso largo en el que atar cabos, me tengo que remitir a lo obvio, a lo más inmediato que he percibido en el presente, a la intuición y a la información de la transferencia.

Al mismo tiempo hay una responsabilidad de no dejar nada abierto, no hay una sesión posterior para enmendar una equivocación. Creo que me ha permitido desarrollar un estado de atención y flexibilidad en el que destaco el foco puesto en los aspectos sanos del paciente. Desarrollar la capacidad de detectar los recursos internos que todos tenemos y ofrecerlo como reflejo.

La posibilidad de tener aunque sea una sola sesión, es una invitación a vivirla plenamente. A trascender el tiempo lineal.

Para definir el tiempo se pueden diferenciar los conceptos de Kronos y Kairos. Me refiero a Kronos como al tiempo lineal y concreto que forma parte del setting, del marco espacio-temporal en el que discurre la sesión de arteterapia. Un tiempo preciso que empieza y acaba.

Cuando hablamos de Kairos apuntamos hacia una experiencia no-lineal del tiempo, que da satisfacción y nutre el alma, es un instante de apertura, de amplitud.

Las actividades artísticas pueden ofrecer la experiencia de Kairos. Estar absorto en la creación artística hace perder la noción de tiempo, hace desaparecer el tiempo. Esta experiencia es muy diferente a la atemporalidad del limbo, de la espera incierta de la fase de liminalidad.

Una sesión de Arteterapia puede proporcionar este tipo de escenario en el que ocurre la apertura, la oportunidad para una actividad y tiempo ritual. Entendiendo ritual como el espacio separado de lo ordinario que involucra símbolos tanto sagrados como seculares.

La absorción en la creación artística la podemos entender como explican Csiksentnihalyi y Nakamura (2014) en el concepto de “Flow”o fluir. Es una sensación holística experimentada cuando uno está totalmente involucrado en una actividad.

Es una fusión entre acción consciente y atención e implica una pérdida de auto-consciencia que paradójicamente refuerza la sensación de Self más fuerte. En el lenguaje de las prácticas contemplativas y la meditación es una muerte o disolución del Ego, una inmersión total.

Mi propia vivencia del hecho de tener una sola sesión me ha conducido a centrar la atención en el aquí y ahora, algo que en las psicoterapias es habitual. Quizás cabe distinguir la atención en el aquí y ahora de la experiencia de Presencia que considero va más allá, implicando un trabajo personal, de autoconocimiento (incluyendo el cuerpo y la respiración) y silenciamiento.

La presencia empática requiere, por mi parte, ser capaz de experimentar lo que emerge en la sesión sin juicio, sin excluir lo que emerge en mi interior como contratransferencia.

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Fig. 5

Observar la realidad interna y externa con atención plena va en el plano de la auto-aceptación y lleva a poder ponerse en la piel del otro.

La realidad concreta que compartimos en una sesión se ve influenciada por esta presencia empática. Estoy convencido que la atención del arteterapeuta proporciona un clima que en el plano relacional es percibido. Si uno mismo acoge con apertura el momento, transmite al paciente que lo que trae consigo es bienvenido. Ayuda en crear la alianza terapéutica.

Fulton (2005) describe la experiencia de un terapeuta en las sesiones después de un entrenamiento de 10 días en Mindfulness:

Todas sus actividades, incluyendo el trabajo con pacientes, parecen ocurrir en un espacio de quietud y apertura. Percibe que la escucha es sin esfuerzo y profunda, y resuena más naturalmente con cada paciente durante las sesiones. Los comentarios que hace parecen surgir como respuestas espontáneas de esta quietud, y todos parecen dar en blanco. Los ”insights” fluyen como el agua durante las sesiones. Tanto el terapeuta como sus pacientes sienten que estas sesiones son especiales de alguna manera. (Pp 58-60.)

Creo que la atención plena requiere de una práctica que puede ser muy útil en la construcción del setting interno. Devolver la atención al presente cuando estamos demasiado dispersos, reconectar con la respiración cuando hay demasiados pensamientos, volver al cuerpo puede ayudar a observar, sentir y aceptar con más claridad lo que está sucediendo.

Es maravilloso ver cómo algunos pacientes han integrado la atención plena en sus vidas como resultado del proceso en que se encuentran.

 

El Arte del Buen Morir

Estar en contacto con pacientes con un pronóstico incierto y con los enfermos terminales me lleva a pensar en mi propia mortalidad, integrarla en mi vida, algo que puede ser, paradójicamente, una gran fuerza creativa.

Siento gratitud e inspiración por haber compartido momentos con estas personas que han elaborado un proceso personal entorno a su situación. Utilizando el esquema de Elisabeth Kübler-Ross (1969); el proceso del duelo también lo transitan los pacientes respecto a su propia vida atravesando momentos de negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

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Fig. 6

Me han conmovido los ejemplos de aceptación de la muerte que han compartido en las sesiones algunos de los pacientes y que son una invitación a empezar a vivir cada día al máximo, como si se tratara del único que tenemos. Estos pacientes son personas que tienen una gratitud, sensibilidad y comprensión de la vida que los llena con compasión y dulzura.

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Fig. 7

Me resulta obvio que para estas personas el descubrimiento, despertar o afianzamiento de una dimensión espiritual ha sido crucial en su calidad de vida en los últimos momentos. También destaco que el arte ha resultado un canal muy sincero en el que plasmar esta experiencia. Las obras reflejan y reafirman el momento en que están, apuntan a esa realidad inefable del Ser.

La Trascendencia y la Obra

La obra suele vivir más allá de uno mismo y ser recordado es una manera de alcanzar la inmortalidad como pasó con los héroes míticos de la Ilíada.

En Arteterapia la obra es un legado tangible de la persona ausente y puede ayudar a elaborar el duelo de los familiares y que por otro lado legalmente les pertenece.

En el caso de Paloma pude preguntar a su madre si quería quedarse con la obra que había realizado en la sesión y se la pude entregar. Es significativo que sea una obra animada, con ánima. Es como si en cierta manera los familiares se quedan con algo que evoca la esencia misma del que se ha ido, una parte de ella sigue aquí.

Paloma vivió sus últimos días con presencia y paz contagiosa. La compañera de habitación, los familiares, el equipo de enfermería y los médicos constatan esta percepción. Sé que su proceso de despertar espiritual la acompañó y creo que con arteterapia pudo plasmar este estado, compartir su experiencia inefable y dejar un legado.

Me parece muy interesante también, plantearme el viaje que ha hecho la obra en compañía de los pacientes que han elegido quedársela, es la trascendencia de la sesión. La obra que sale de los límites de la sesión de arteterapia permite darle una continuidad a lo que ha sido una única sesión, se puede seguir explorando el significado de la obra o mantenerlo como un talismán en el propio devenir.

Me conmueve particularmente lo que pasó con Rosa. Al finalizar la sesión me pidió si podía quedarse la obra ya que le gustaría seguir explorándola, se trataba de una obra tridimensional que representaba un barco (Fig. 8), los componentes no estaban fijos y la obra permitía seguir jugando con ella. Expresó que le gustaría ver a dónde le podía llevar su barquito en este viaje. Ese mismo fin de semana Rosa murió.

Me evoca la imagen del barco que la lleva en su último viaje a lo desconocido, al más allá. No sabré nunca si la obra le ayudó a prepararse para su muerte, a trabajar la despedida.

Nunca sabré que pasó con la obra a dónde habrá llegado, está viva en la fotografía que ella misma tomó y en compartirla en este trabajo.

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Fig. 8

CONCLUSIONES

La sesión de Arteterapia ofrece un espacio potencial y contenedor que resulta adecuado para afrontar el momento existencial de enfermedad de vida amenazada o de aproximación a la muerte. A su vez, permite poner el foco en los aspectos resilientes y de salud mental que son semillas para elaborar el duelo, afrontar el dolor, la ira, entender y resolver aspectos relacionales y continuar con el proceso que se inicia en la sesión. Lo que me lleva a pensar que una sola sesión o un proceso corto es parecido a la terapia en general, ya que no concluye cuando se realiza el cierre. Se están poniendo sobre el lienzo los recursos internos que el paciente ya lleva consigo. Él o ella misma puede redescubrir o afianzar, con el acompañamiento del arteterapeuta, los aspectos que le ayudan en su camino único, así como crear la narrativa o Sentido existencial que posibilita vivir mejor o morir mejor.

Cabe destacar, en este sentido, que la idiosincrasia en la vivencia y noción del tiempo de los pacientes de oncología y la calidad de la presencia atenta y empática del arteterapeuta pueden contribuir en que el tiempo de una sola sesión sea de profundidad, incluso trascendiendo la percepción de linealidad temporal, experimentando en la creación artística momentos de inmersión y atemporalidad.

Del mismo modo, concluyo que la espiritualidad (no necesariamente en un marco religioso) es más que un aspecto integrador entre las dimensiones internas o recursos que el paciente trae a las sesiones de Arteterapia y que su reconocimiento ofrece la posibilidad de expresar en la obra experiencias inefables de otro modo.

Entre los objetivos de Arteterapia está posibilitar la conexión con el propio mundo interno. La espiritualidad sincera también apunta a la parte esencial de uno mismo, al Ser, a una experiencia profunda de lo que se Es. Sobre todo en un momento tan crucial de enfermedad y aproximación a la muerte, cuando se empiezan a caer banalidades, identificaciones, máscaras y se redefinen prioridades.

Arteterapia con la mediación de la obra ofrece un espacio de transición entre este universo interno amplio e inefable y el universo exterior de las formas y relaciones. Es una manera de manifestar en la realidad concreta el misterio, el proceso de despertar que puede ser estar muriéndose o con una enfermedad grave. Por otro lado, después de la muerte queda la obra como trascendencia y legado del autor.

Finalmente destacar que un clima de intimidad que posibilita una alianza terapéutica es difícil pero posible en el espacio de una sola sesión y que esto depende, a mi parecer, de aspectos que tienen que ver, en gran medida, con el grado de autoconocimiento del arteterapeuta. Creo que es mi responsabilidad como acompañante vivir la propia experiencia del proceso personal con sinceridad, coherencia y autenticidad. Además de realizar terapia y supervisión regularmente, disponer de una práctica contemplativa o camino de conexión con la propia dimensión espiritual, puede favorecer la atención plena así como la empatía y ayuda a crear un trasfondo de paz y bienestar que están presentes en las sesiones.

 

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