La luz y el grito. Proceso de arteterapia en paciente de oncología en un Hospital de Barcelona

Carme Comalada Godo

Licenciada en BBAA por la UB. Máster en Arteterapia, Psicoterapia por el Arte y Formación psicosocial por la UPF (IDEC) Barcelona. Posgrado y Diploma Inicial en Arteterapia por Metafora. Posgrado en Ilustración Creativa EINA UAB. Terapeuta Gestalt por el Integratiu del Clot de Barcelona. Especialista en Psicoterapia Centrada en la Persona por el Instituto Carl Rogers. Formación en Focusing por el Instituto Español de Focusing. Docente titular en la EASD Serra i Abella, de l’Hospitalet del Llobregat. (Escola d’Art i Superior de Disseny, Generalitat de Catalunya). Promotora y socia fundadora del centro de arte-terapia “Myself Barcelona”. Conductora de grupos de arteterapia y duelo en el centro sanitario Els Camils” de St. Pere de Ribes y de grupos de arteterapia y adicciones en “CCAdicciones” en Roda de Berà. Miembro titular de la ATE y la AETG.

ccomaladag@gmail.com

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SUMARIO

Se expone el proceso en arteterapia con una paciente del HD (Hospital de Día), a la que llamaré CO, con diagnóstico de tumor ocular, cáncer de mama y ganglios y metástasis en huesos.

A menudo comenta su dificultad para empezar el proceso creativo. A pesar de ello, durante la evolución realizada, a lo largo de las obras y a través de ellas, simboliza sus emociones, externaliza su ira y su dolor y percibe dónde radica su dificultad, consiguiendo restablecer el vínculo con su hijo, poner orden en temas pendientes, iniciar un proceso de duelo y tomar consciencia de su Yo, su self, verbalizando ser más que un cuerpo.

En el presente caso se muestra que el proceso arteterapéutico y las imágenes creadas son la base para revisar sus duelos pasados y empoderarse de su persona en el marco que le posibilitan las limitaciones de su enfermedad.

PALABRAS CLAVE: Relación terapéutica, Cáncer, Duelo, Tiempo, Dolor, Ira

ABSTRACT  

We show in this work the Art Therapy process with a patient (a woman, hereafter called by his initials CO) of the HD (Day Hospital). This patient has been diagnosed with an ocular tumor and a breast cancer with metastasis in ganglions and bones.

CO confesses great difficulty in starting the creative process. Notwithstanding apparent difficulty, the evolution of his works and paintings show an intense expression of emotions like anger and pain. In view of this, she becomes aware of where are her difficulties and obstacles and start a way of solving or at least improving them. As a consequence, i) She recovers communication and reinforces the maternal link with his son; ii) She puts personal and pending things in order and, not the least, iii) She starts a duel process and a cognitive understanding of her self. As a proof of this fact, she verbalizes ‘being more than a physical body’.

The present case shows that the Art Therapy process and the created works can be used to both review duels (that help to solve personal issues) and for self-empowerment, all this in the frame and limitations posed by a illness.

KEYWORDS: Therapeutic relationship, Cancer, Duel, Time, Pain, Anger

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“Los que sufren no son los cuerpos; son las personas” (Bayés, 2009, pág. 12)

REFERENCIÁNDONOS EN LA TEORIA
La Relación Terapéutica

En las sesiones que realizo con pacientes de oncología, tengo por objetivos que prevalezca el acompañamiento, el fomentar la confianza y la búsqueda de fuentes de apoyo, el contener, con predominio de la empatía y evidentemente no emitir ningún juicio sobre la obra realizada ni el proceso artístico.

Al ser oncología en adultos y personalmente por mi formación, potencio la escucha activa y el enfoque de Rogers centrado en la persona alrededor de tres factores: aceptación incondicional, empatía y autenticidad, los cuales propician la confianza de la relación y así el progreso terapéutico.

También me referencio particularmente en la línea psicodinámica relacional y en la existencial con Yalom como máximo exponente, quien con su sencillez nos dice “la única cosa que he aprendido con seguridad, es que, si puedo crear un entorno sincero y afectuoso, mis pacientes encontrarán la ayuda que necesiten” (Yalom, 2015, pág.110).

J Aznar (s.f.) , cita a Umberto Eco sobre la función terapéutica de la narrativa de la razón, por la cual los hombres, desde los orígenes de la humanidad al contar historias al igual que ocurre con los mitos, dan forma al desorden de las experiencias.

Tal y como se verá posteriormente en el desarrollo del caso, y concretando en Arteterapia, la obra puede llegar a ser un elemento determinante en el proceso terapéutico, para Marxen (2011) el hecho de que existan el eje “paciente-obra” y “terapeuta-obra”, resta importancia al eje “paciente-terapeuta” de la terapia dual, “lo que otorga más independencia al paciente, lo conecta con su propia fuerza y le da la oportunidad de aumentar su autoestima y confianza en sí mismo asumiendo el papel de creador” (Marxen, 2011 pàg.35).

Mencionar igualmente la relación que establece el usuario de arteterapia con los materiales plásticos, él mismo puede propiciar la capacidad de juego, el dejarse ir y con ello ya de por sí, un resultado terapéutico tal y como Winnicott (2002) postula.

Hay quien no suele estar habituado a usar materiales plásticos y puede quedar bloqueado por diversos condicionantes: por rememorarle un uso infantil, por la propia rigidez, la dificultad de jugar, la ansiedad frente a un posible “juicio” artístico o por lo que las imágenes puedan mostrar. Connell (1998) anota la importancia de la creación del clima de confianza en el espacio de arteterapia para que el usuario pueda abrirse a expresar sus emociones.

PINCELADAS SOBRE ARTETERAPIA Y CÁNCER

A pesar de la relativamente reciente historia de Arteterapia, podemos ya encontrar referenciados en diversos países estudios cuantitativos y cualitativos centrados específicamente en los beneficios en pacientes oncológicos.

Es conocida la revisión sistemática realizada por Wood et al. (2010), donde a pesar de las variaciones de modelos se constató que se fortalecía el sentido de los límites personales y el sentido de sí mismo, dando lugar a una participación más activa en la reducción de los síntomas, la gestión y el cuidado personal.

En conjunto el uso de Arteterapia en pacientes oncológicos y paliativos, mejora la calidad de vida del paciente, reduce su grado de ansiedad, potencia su autoestima, aumenta la sensación de control, ayuda a la aceptación de la enfermedad, a la resolución de conflictos emocionales causantes de estrés, la facilitación de la comunicación con familiares y al refuerzo de pensamientos positivos. (Collette, 2013)

Una enfermedad, un trauma, y en concreto un diagnóstico de cáncer comporta sentimientos y emociones diversas. Al cuerpo le duele pero la mente lo sufre. El proceso implica un tío vivo emocional donde no hay una vuelta atrás, esperanzas, miedos, ansiedades, inquietudes y proceso vital vivido y por vivir aparecen y desaparecen alternándose con el día a día y las necesidades cotidianas que se suceden.

Tal y como recuerda Minar (1999), no solo es tratar con el cáncer, sino vivir con él a diario. Entre los objetivos de arteterapia en pacientes con cáncer, se encuentra la expresión de sus sentimientos y el descubrimiento de fuerzas internas que le permitan servir de sistema de apoyo en compensar las pérdidas. El arte permite movilizar las fuerzas sanas para combatir la enfermedad y para manejar las tensiones recurrentes.

Malchiodi (1999) apunta sobre las diferencias que surgen entre la expresión por la vía verbal y la no verbal del paciente, la primera suele describir de forma racional el estado de la enfermedad y en cambio, en la no verbal, se puede encontrar la percepción intima que vive el enfermo sobre su estado, permitiendo aflorar las facetas consideradas más inconscientes.

Cuando el paciente consigue relacionarse con este espacio y hacer obra, se siente creador a la vez que recupera un cierto grado de control sobre él mismo, sobre lo que quiere y puede hacer, es su tiempo, su espacio y su hora, escoge materiales, formas, colores; de la hoja en blanco surge una creación que le permite exteriorizar y a la vez establecer el diálogo.

Minar (1999), recoge en su experiencia cómo la imagen puede posibilitar la simbolización de la parte dañada de forma representacional y a la vez permite hacer visible la “reparadora” o “sanadora”, adoptando así las formas que el paciente necesita y produciéndose de alguna manera, una especie de transformación con la representación.

“La práctica del arteterapia ofrece la oportunidad de, literalmente, dar la luz a una imagen tangible, un objeto bien real, movilizando recursos internos a los cuales la persona enferma, para su sorpresa, ya ni tenía conciencia de poder acceder” (Luzzatto & Gabriel, 1998 citado por Collette, 2013).

DUELO Y PÉRDIDAS

Ante la enfermedad al paciente le sobrevienen cambios diversos, algunos como novedades, otros como pérdidas, la asimilación y elaboración consciente que haga de ello le permitirá la adaptación de forma sana y satisfactoria, el proceso de duelo es inherente a un proceso de cambio. (Schofield, 2012)

En el paciente oncológico son notorias las pérdidas, (identidad, control, relaciones, experiencias sexuales, imagen de sí mismo, estilo de vida, posible capacidad de procreación, proyecto de vida, sentimiento de igualdad, valores prioritarios) (Zenil Gasca,B. et al, 2007), cambios, pérdidas, duelos que necesitan ser elaborados. Muchos de los cuales no provienen de la enfermedad en sí misma, sino del trato y tratamientos que comporta ser “paciente oncológico”.

El duelo para Tizón (2007), es el conjunto de fenómenos psicológicos, emocionales y sociales que siguen una pérdida. La pérdida comporta una serie de cambios con carencia y privación de lo que se poseía de forma involuntaria e inevitable y como tal, precisa de integración en la historia personal.

“Por elaboración del duelo se entiende la serie de procesos psicológicos que, comenzando con la pérdida, termina con la aceptación de la nueva realidad interna y externa del sujeto”. Tizón (2007, pág. 22)

Hoy en día en nuestra sociedad no se suelen elaborar los duelos por lo cual podemos caer en el duelo patológico de larga “enquistación”. Enfrentarse a una pérdida de calidad de vida significa un proceso de adaptación a situaciones nuevas, y en potencia, peligrosas para nuestra identidad.

Las similitudes entre las etapas psicológicas del paciente diagnosticado de cáncer son equiparables a las de duelo por muerte tal y como comprobó E. Kübler Ross (2009), a través de tratar numerosos enfermos terminales; Negación y aislamiento, ira o miedo, negociación y regateo, depresión y melancolía y finalmente aceptación.

El trabajo en arteterapia permite al paciente expresar y contener a la vez las emociones que comporta el proceso de pérdida, no sólo el duelo por la enfermedad, sino el duelo por situaciones vividas, sus duelos internos y también sus duelos futuros, un trabajo empezado, un proyecto soñado, o lo más importante en el caso que nos ocupa, dejar un hijo, el cual en cierta forma representa el propio proyecto de vida.

VIVIENDO EL TIEMPO

En el paciente con “enfermedad de vida amenazada” la percepción subjetiva del tiempo aún se acentúa más de lo que normalmente ya se conoce como la relatividad del tiempo.

La conciencia de la muerte transforma nuestra percepción sobre la vida y en cómo vivirla en el tiempo que tenemos. Frente a estos tipos de enfermedades a veces se suele recurrir al tópico de que no se puede hacer nada, sólo esperar, cuando en realidad tal y como ejemplariza Elizabeth Kübler Ross (2009) es justamente un tiempo en el que sí se puede hacer, la narración de vida continua.

M. Fernanda Montaña nos habla acerca del tiempo, en cómo el paciente ve como deja de poder decidir sobre su tiempo, las esperas, la atención médica, la asistencia de enfermería, el hospital de día, la conclusión del tratamiento, el posible internamiento o cirugía…Siendo imprescindible, la inclusión de intervenciones de holding-handing (sostén), “a fin de que el tiempo no se petrifique en una espera para la muerte y/o deterioro” (s.f. Montaña)

Sibbett (2005) a través de su experiencia de arteterapia en oncología, referencia el concepto antropológico de liminalidad expuesto por Little et al. (1998), esto es “el estar entre una cosa y otra” con las fases que vive el paciente. En una primera de separación, el diagnostico le aparta de su vida cotidiana, seguido de una segunda fase de “liminalidad”, de transición, donde hace un trayecto solitario mientras recibe tratamiento, donde no está ni aquí ni allá, y una tercera fase de consumación donde la persona en cierta forma es diferente.

Esa etapa de transición, en ese estar en el limbo, es donde “cada paciente construye y reconstruye el sentido de su experiencia”, y puede durar el resto de la vida del paciente con cáncer. (Little et al., 1998, citado por Sibbet 2005)

HABLANDO DE DOLOR

En el tratamiento de una enfermedad donde el proyecto de vida se tambalea, como es un cáncer, existen diferentes tipos de dolor de los que ya hablaba Descartes en el s. XVII, compartimentado entre el de origen físico y de origen psicológico o emocional.

Generalizar sobre el dolor es casi imposible, pero nos podemos acercar a una posible definición de M. Montaña (s.f), esto es, “una experiencia perceptiva sensitivo-emocional, displacentera, asociada a una lesión real o potencial que es vivenciada como tal”. El dolor lo sufre todo el sujeto e invade sus espacios, en lo físico y lo psicoemocional. Lo importante es escuchar este dolor, entender que tiene una función, dejarlo salir para recibir su aviso de que algo no anda bien y poder actuar.

Bayés (1998), distingue el sufrimiento del dolor; el sufrimiento va ligado a la sensación de amenaza, al miedo y al sentimiento de impotencia, dicha amenaza viene provocada por la valoración personal de los síntomas.

“Si queremos aliviar el sufrimiento y facilitar el camino hacia la serenidad hay que aprender no sólo a explorar a los seres humanos como personas, sino también ayudarles, en lo posible, a adquirir control sobre la situación en que se encuentran.” (R. Bayés, 1998, pág. 14).

El tratamiento con arteterapia se movería en esta línea de actuación: no podemos tratar el dolor físico, pero sí podemos escucharlo, y darle voz gráfica, facilitando así la expresión y evitando que en su mutismo se convierta en un sufrimiento mayor.

ESCUCHANDO LA IRA

En el caso que veremos a continuación existe un claro desencadenante en el proceso a partir de una obra donde la paciente muestra su enfado y lo expresa plásticamente.

Tavris citada por Libermann (2008) habla de la ira como emoción incomprendida, recordando como su exteriorización es aceptable según el marco cultural donde se realice, siendo la actuación sobre el problema que la provoca, una de las formas para reducirla.

Libermann (2008) se interesa por encontrar cómo el arteterapia puede ayudar a los usuarios a enfrentarse con la ira; postula que pueden diferenciarse dos grandes vías, como emoción considerada destructiva y como tal conviene ser “administrada”, o bien como emoción constructiva para ser recibida y expresada, pues nos alerta de que algo no está bien para nosotros y necesita atención.

En el contexto oncológico a menudo existe la presión de familiares y del mismo paciente sobre la importancia de mantener la calma y adoptar una actitud tranquila y positiva a fin de favorecer el tratamiento. Nos encontramos entonces que el ambiente terapéutico como el que proporciona la sesión de arteterapia puede ser el único lugar donde llorar y descargar sentimientos no “permitidos” en otros espacios. Conformándose así el espacio donde obra y terapeuta si pueden contener la acritud expresada; intentar mirarla de frente y de alguna manera posibilitar las fases que sean necesarias.

Dreifuss-Katan (1990) citado por Brosh (2008), también destaca en la ira una función reparadora, constituyendo parte del duelo ocasionado por las pérdidas sufridas en la enfermedad.

La ira es una manifestación de dolor, muchas personas con problemas de enojo graves han sufrido privación, abuso o abandono en la infancia; el uso de la rabia ha servido para dar salida al dolor, a veces desplazándose a otros, a menudo personas cercanas a ellos.

Recordemos que igualmente para Elizabeht Kübler-Ross, (2009) hay una fase del duelo donde surge el enfado, y según su experiencia también suele proyectarse contra familiares cercanos, médicos, personal sanitario… emerge el sentimiento de rabia que oculta el abandono, la perdida y los cambios que acontecen.

En la transferencia de los sentimientos de uno mismo a la obra, hay una cierta separación y distanciamiento de la pérdida y se puede dar expresión catártica del dolor e ira que se está sintiendo de forma tangible hacia el objeto que se crea. No siempre es posible mantener la calma y el arteterapia puede proporcionar una oportunidad para contener y hacer frente a los diferentes tipos de ira. (Brosh, 2008)

SITUÁNDONOS EN CONTEXTO

Éste es un estudio de caso de la aplicación de arteterapia con una paciente de oncología.

Se ejemplifica cómo la expresión del sufrimiento y la ira, encuentran en la obra un catalizador capaz de plantear respuestas que amplían y revisan los temas traídos a la sesión, vínculos actuales y pasados o pérdidas familiares y físicas.

Se describen algunas de las sesiones donde surgen las emociones desencadenantes del mencionado proceso, así como en las que se realizan obras donde queda fijado lo que se podría enunciar como un anclaje o desenlace del tema tratado.
Las sesiones tuvieron lugar en la zona del HD (Hospital de Día), en la sala de reuniones de la planta destinada a quimioterapia, en un reconocido hospital público.

Desde abril 2015 hasta junio del mismo año se realizaron 11 sesiones individuales, de periodicidad semanal y una duración de 60’, después de una pausa estival se reemprendieron a finales de octubre, hasta junio 2016, siendo una suma total de 45 sesiones en los dos años.

Dicha práctica se mantuvo como es lógico dentro de los límites de confidencialidad, obedeciendo al código deontológico de la profesión y supervisado por profesores profesionales del IDEC- Metáfora.

Método de derivación

A diferencia de otros usuarios derivados por la doctora oncóloga o por el jefe de planta, en el caso que nos ocupa fue el mismo personal sanitario del HD quien me habló por primera vez de ella, a quien llamaremos CO por el tema de confidencialidad.

Era marzo de 2015, época en la cual yo ya no tenía posibilidad de admitir más usuarios pero a pesar de ello, sabiendo que una de mis pacientes era temporal y quizás terminaría a la vez que su tratamiento de quimioterapia, decidí hacer una sesión de asesoramiento. Al finalizar, CO mostró sus deseos de continuar cuando se pudiera.

¿Cómo es CO?

CO tenía 57 años cuando se inició el tratamiento. Diagnosticada hacía 18 meses.

De altura considerable y de gran corpulencia se desplazaba despacio, pero sin dar apariencia de arrastre. Iba siempre con la cabeza rapada y con gorro, que se quitaba al empezar la sesión. Decía que el pelo le picaba cuando crecía y prefería un afeitado regular.

Tal y como se ha comentado se derivó a CO como usuaria de oncología, pero su historial médico estaba compuesto por otras enfermedades previas como problemas de corazón y la extirpación de un ovario y medio y parte de matriz en su juventud.

Según lo requiriese el tratamiento, CO recibía quimioterapia a continuación de arteterapia, quincenal o mensualmente.

Presentaba obesidad notoria que junto con los dolores del cáncer y el hecho de residir en otro municipio le dificultaba sobre manera los desplazamientos al hospital, si bien a pesar de ello nunca faltó a una sesión.

En el primer año llegaba acompañada de su hijo quien se esperaba en la sala de espera a que terminase la sesión; durante el invierno de 2016 éste consiguió trabajo y venía sola en autobús lo cual le llevaba un considerable esfuerzo, solía esperar de pie en la sala apoyada en el respaldo de un banco dada su dificultad en levantarse. Su hermana la venía a buscar en coche por la noche.

Vivía con su hijo de 22 años, próximos a su hermana y sobrinos. Su núcleo familiar cercano lo completaba su madre también en el mismo municipio. El exmarido, vivía con su nueva pareja e hijos y no tenía relación ni con ella, ni con su hijo.

Al no disponer de fuente de ingresos tuvo que hipotecar el piso y durante el tiempo que estuvo viniendo pesaba sobre ella el miedo a no poder pagar la hipoteca y a un posible desahucio.

En cuanto a su personalidad, tal y como ella misma comentaba, no era el tipo de persona que se compadece de sí misma y decía que a menudo le salía su carácter visceral. Por encima de todo destacaría su humanidad, su sensibilidad y gran corazón.

A pesar de haber tenido “enfermedades raras” no parecía preocuparle su cáncer hasta el invierno del 2016, cuando los resultados demostraron que se había extendido por el costado y pulmón izquierdo.

Solía verbalizar lo que yo le ayudaba y siempre agradecía la sesión, decía que se iba mejor de lo que vino, al principio incluso expresó su malestar por “ocupar un sitio” de alguien que supiera pintar.

Cuando llegó Navidad pese a sus graves problemas económicos vino con el carro de la compra lleno de detalles para el personal sanitario.

Desarrollo de la sesión

Cuando entraba en la sala solíamos bromear sobre darse un tiempo para que llegase el alma. (Historia que le conté en su día de los corredores africanos, quienes se paran de vez en cuando al correr largas distancias esperando que su alma llegue, pues según dicen su cuerpo corre más).

Nos sentábamos de lado, con la mesa y los materiales delante, yo a su derecha lo cual facilitaba su visión, pues era su ojo izquierdo el afectado por el tumor.

Los materiales disponibles eran diversos, contándose entre ellos técnicas acuosas como las acuarelas, secas como rotuladores, lápices de colores y ceras, material de collage autoadhesivo y diverso como telas, cintas, cromos…y otro que posibilitase el trabajo en volumen como la pasta de modelar. Soportes de distintos colores, gramajes y texturas.

Usualmente hablaba la mitad de la sesión, a veces haciendo referencia a algún hecho acontecido durante la semana desencadenante de otros temas, o explicándome sus reflexiones sobre lo que le había aportado la imagen y/o la sesión realizada la semana anterior.

Normalmente no acostumbraba a empezar la obra por su iniciativa, sino que era yo misma quien la invitaba a expresarse con los materiales. Su disposición era notoria y aunque verbalizaba reiteradamente que no sabía qué hacer frente a la hoja en blanco, cuando iniciaba el proceso, lo hacía de forma consciente y concentrada, algunas veces en silencio, otras hablando sobre lo que iba surgiendo.

La elaboración duraba aproximadamente 20’, mayoritariamente sobre papel y utilizando ceras, alguna vez rotuladores y/o material adhesivo. Firmaba al finalizar y solía poner un título relacionado.

Los últimos 15 minutos se concretaban en hablar de la obra plástica: de lo que veía en ella, de sus propias sensaciones o en cómo se sentía al usar los materiales. Se despedía siempre con agradecimiento hasta la semana siguiente.

ADENTRÁNDONOS EN EL PROCESO

A lo largo de las sesiones se pudo constatar cómo CO restableció la relación familiar con su hijo, pudo tomar distancia del vínculo con su madre acabando por sentirse en paz con ella, cerró duelos abiertos desde tiempo atrás, se atrevió a plasmar su dolor físico gráficamente y llegó a reafirmarse en su propio “yo”, afirmando ser más que un cuerpo.

Para el paciente de cáncer hablar de su historia es una oportunidad para abordar problemas de larga duración que estaban causando dificultades antes del diagnóstico.

En el caso que nos ocupa surgen duelos no elaborados, tal como Tizón (2007) postula. Se sabe que “la no elaboración de un duelo importante predispone hacia dificultades con otros duelos posteriores” (pág. 39). Por el contrario, mencionando Montané (supervisiones 2016), elaborar un duelo es un aprendizaje para los siguientes, representa aprender a vivir, pues la vida se compone de duelos constantes, pequeños y grandes.

Esta exposición comprende 33 sesiones, hasta marzo de 2016, a lo largo de ellas exploramos sus relaciones familiares y estrechamos el vínculo terapéutico, un gran grupo de obras son significativas como medio de expresión, del sufrimiento de sus relaciones, sus pérdidas y duelos y la sanación de vínculos actuales. Un grupo menor lo conforman imágenes donde expresó su dolor más físico y corporal.

PRINCIPALES SESIONES QUE ENMARCAN EL PROCESO TERAPÉUTICO

“Cómo es CO”
1ª sesión.

En la 1ª sesión CO me puso al corriente de su estructura familiar y sus principales fuentes de apoyo.

Una de las primeras cosas que me preguntó fue si Arteterapia le serviría.

Verbalizó casi en seguida que la enfermedad era lo de menos, lo más importante era el percibir que su madre no la quiso. Se planteaba si era debido a la muerte de su hermano de 4 años cuando ella tenía 9.

¿Podría ser ésta su ansiedad básica? ¿Haber sentido que era remplazada por un hermano?

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Fig.1

Con quien sí tenía buena relación era con su hermana, nacida cuando ella tenía 11 y a quien cuidó y con quien convivió durante años. Manifestó su deseo de hablar con su hijo sobre su enfermedad, pues creía que estaba enfadado con su padre, y con ella misma, planteándose si era por estar enferma.

Estaba en juicio con el ex marido por la pensión impagada y dijo tener importantes problemas económicos por no poder hacer frente a la hipoteca del piso donde vivían.

Para el paciente de cáncer es fundamental percibir sus fuentes de apoyo, las cuales suelen encontrarse en el núcleo familiar cercano. Tal y como nos dice Mauriño (s.f.) la comprensión de la estructura familiar del paciente y el lugar que él ocupa, posibilitará saber con qué redes sociales cuenta.

La invité a hacer obra y me preguntó sobre qué hacer, diciendo que no sabía.

CO- ¿Qué tengo que hacer?

Sobre la ansiedad de la hoja en blanco me remito a Mann (1990) referenciado por Wood (1998), quien nos habla de los procesos de cambio que transitan de lo conocido a lo aún desconocido en la creatividad, lo cual conlleva ansiedad y no siempre es una experiencia fácil.

Realizó la imagen (Fig. 1) y en respuesta a mi pregunta sobre que le parecía, respondió que el árbol debía ser ella, que lo rojo lo había hecho sin pensar y debían ser las heridas, la nube lo que la estaba atormentando y el sol lo que quería. Posteriormente, en otras sesiones volvería a hablar de este trabajo, que el tronco era tan grueso por haber tenido que ser fuerte. Minar (1999) nos habla de la creación de imágenes como el yo, flores, arboles, pájaros…organismos vivos donde el autor desea asumir algunas de las características de la imagen escogida, ver aspectos de la obra como partes de uno mismo.

Al pensar en su hijo, yo recordaba los casos expuestos en “La muerte íntima” de Marie de Hennezel (1996) y en como era de importante el poder hablar con los familiares y que éstos supieran que el enfermo necesitaba hablar con ellos.

Fue una sesión extraña, me sentí un poco en falso; tal y como se ha comentado, poder continuar con ella dependía de si una de las pacientes dejaba AT al terminar quimioterapia y en esta primera ya percibí que continuar le sería beneficioso; tenía importantes temas a resolver y demostraba voluntad y compromiso para realizar Arteterapia.

Casi un mes después, pudimos empezar semanalmente las sesiones.

A continuación, se destacan las sesiones más significativas agrupadas según el tema tratado.

El vínculo con su hijo.
“El segundo parto de R.”
10ª sesión.

Es ésta una sesión especialmente significativa no solo por ser la última donde se realiza obra antes de verano, sino y sobre todo por su relevancia en el proceso. A menudo se volvía a ella en sesiones posteriores como punto de inflexión.

Surgió su preocupación por el dolor que le podía causar su exmarido a su hijo en el juicio previsto en verano; mientras fue menor pudo evitar que fuese a declarar, ahora no podía. Su miedo era que su hijo saliese más frustrado y desilusionado por falsas esperanzas. Se preguntaba si quizás los hombres no amasen nunca a los hijos.

Transitamos sobre su necesidad de proteger al hijo, reflexionando sobre la posibilidad de confiar más en él, para poder tomar sus propias decisiones y sacar sus conclusiones.

La invité a hacer obra y me parece que accedió solamente porque se lo dije. Se quedó delante la hoja en blanco y expresó que no sabía qué hacer.

Le propuse que cerrase los ojos y empezase a trazar sin pensar en lo que hacía.

Sentí entonces como si se relajase y fue saliendo un balanceo, al principio parecía una flor.

CO – Parece el mar, a mí siempre me ha gustado el mar, a veces siento como si estuviera dentro y saliese, si supiera dibujar lo haría.

En otra imagen anterior también había salido el mar, donde le gritaba su enfado a raíz de descubrir la infidelidad de su marido. Le pregunté por un círculo que me pareció vislumbrar y me contestó que era su hijo y ella, el mar.

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Fig. 2

Nos tomamos tiempo para observarlo.

CO- Siempre he protegido a “R”, los cambios le costaban mucho, se ponía enfermo al empezar la escuela en septiembre.Hablamos del dolor de dejar ir un hijo, del símil sobre cortar el cordón umbilical, como a pesar del dolor del corte, este es necesario para que ambos sobrevivan. Confiar en que ya tenía 23 años, (cuando se empieza el tratamiento tenía 22), y su propio criterio.
Pregunté qué le gustaría hacer.

CO – Ayudarlo a abrirse camino…y trazó con cera roja sobre el circulo y hacia abajo.   (Fig. 2)
Mientras lo hacía pensé que para mí representar un camino en positivo seria hacia arriba y hacia la esquina superior derecha…

CO- ¡Estoy abriendo las aguas!
Comenté lo bonita que me parecía esa expresión, sabía que era un juicio de valor no usual en terapia pero en esos momentos también percibí su necesidad de apoyo. Cogió otra vez la cera azul y añadió trazos más juntos como si saliesen del círculo rojo.

CO- Es como un parto…y entonces entendí la situación del círculo rojo y el camino. Tenía su lógica y todo encajaba. Estaba elaborando su duelo por dejar ir a su hijo, por dejar de verlo como un niño y que tomara sus decisiones sobre el próximo juicio y quizás las de cuando ella no estuviera y no pudiera protegerlo.

Tal y como postula Schaverien (1999), la imagen es interpretada por el mismo creador. Esta imagen fue una de las que CO encarnó con sentimientos, fue objeto de transferencia y como tal inició un proceso intrapsíquico. Se pudo ver el holding y el espacio transicional del que nos habla Winnicott (2002), esa zona intermedia donde permitirse el jugar, donde el adulto puede crear con el sostén ofrecido, ese transitar entre consciente e inconsciente. La imagen realizada participó del diálogo como tercer vértice del triángulo de Arteterapia, fue un elemento expresivo con una gran carga simbólica.

E. Kübler Ross nos comenta que lo más difícil de la muerte es dejar ir, para CO es dejar ir a su hijo, en su obra del parto lo ve y es ahí donde puede empezar su proceso con dolor, pues la pérdida o la amenaza de la perdida causa dolor psíquico.

Mi nivel de intervención se proyectó como terapia de apoyo, intentando reducir síntomas y restaurar o mejorar la autoestima, las funciones del ego y las habilidades adaptativas como postula Pinsker (2002); no priorizando la adquisición de Insight como objetivo primordial, manteniendo la ansiedad al mínimo y apoyando defensas como anota Hills (2006), pero en la evolución de las sesiones CO se percató de insights que le propiciaron una evolución consciente hacia la clarificación de sus problemas, su naturaleza y orígenes, pudiendo de esta manera enfrentarse a sus defensas. Situándose así en un nivel intermedio de intervención según los niveles de Cawley (Citados de Bateman et at. En Mat. docente M. Montané, 2014)

“Lo que me da tanta rabia”
12ª sesión.

Cuando en septiembre reinicié las sesiones en el Hospital intenté localizar a CO, pues había expresado su deseo de continuar. Su móvil no contestaba y al final opté por preguntar en el mismo HD, me comentaron que estaba bien, que a principios de octubre recibiría quimioterapia. Ese día contacté con ella y a pesar de sus dificultades de desplazamiento confirmó continuar la siguiente semana.

El tema que salió este primer día, justamente fue el móvil y lo dependientes de él que veía a las personas de la calle, del autobús y a su hijo sobre todo, razón por la que ella no lo solía coger.

Al proponerle hacer obra dijo no saber qué hacer. – ¿Qué voy a hacer? Lo que salga.

Hice una breve presentación de los nuevos materiales.

CO- Ya sé qué hacer. Y cogió una hoja de alto gramaje de acuarela, un rotulador verde y trazó un par de líneas diciendo que hacía un móvil (Fig. 3). Mientras dibujaba hablaba de cómo su hijo estaba siempre jugando con la Play y que ella le repetía las cosas porque no la escuchaba y que acababa gritándole a pesar que le quería mucho. Le salió mucha rabia, que según dijo ella misma, no sabía que tenía, veía que odiaba el móvil más de lo que pensaba y verbalizó su sorpresa.

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Fig. 3

CO- Sólo en estos momentos ya he descubierto cosas que no sabía, ¿cómo puede ser?

Me hablaba de su hijo, de cómo era de triste y bueno, como la ayudaba a girarse en la cama cuando ella no podía y a la vez su enfado al ver la ropa acumulada u otras necesidades domésticas por resolver. Iba trazando enérgicamente como rayos verdes alrededor, la cuadrícula del teclado del móvil, como frutas en una pantalla y en la del ordenador otras formas no reconocibles a primera vista. Lo veía como una adicción. Comentó darse cuenta que no era tanto la rabia contra el móvil en sí, sino que veía que era por la relación con su hijo.

Exploramos qué representaba estar tanto rato con el móvil: cerrarse, defenderse, protegerse… Allí se dio cuenta de que su hijo a la vez se protegía y se aislaba del mundo.

CO- Ahora mismo iría y se lo enseñaría, refiriéndose al dibujo y a su hijo que estaba en la sala esperándola.

Le pregunté sobre lo que haría con el móvil y la Play y dijo que cogería un martillo y los chafaría, la invité a hacerlo ofreciéndole la caja de rotuladores gruesos.

Hizo la silueta de un martillo en rojo en el centro y trazó con rabia por encima del resto. Observamos la imagen entre las dos. Hablamos de lo que salía en las pantallas, eran frutas en el móvil como las de las máquinas de juego de los bares y en la Play interpretó con sorpresa que parecían lápidas de muertos.

Opinó que el martillo casi no se veía y cogiendo el rotulador marrón rellenó la silueta. En el martilló también dijo ver una cruz. Se quedó pensando y dijo que igual su hijo se cerraba porque no quería hablar de su posible muerte. Que el padre de un amigo de su hijo se murió y el hijo hacía como si no pasase nada, igual el suyo estaba haciendo lo mismo.

Fue una primera sesión muy intensa. Aún en la puerta me preguntó si todo el mundo veía tantas cosas como ella, que si estaba loca por ver tanto. Le apunté que en la obra cada uno podía ver lo que estaba preparado para ver.

Siguiendo a Schaverien (1999) sobre la aceptación de la imagen, no tanto para su análisis, sino como punto de partida para su amplificación. “La meta es raramente reducir o detener la imagen, sino más bien permitirla, estar con ella, en la incertidumbre, y dejar que crezca”. (trad. Montané, 2003, p. 12)

A través de escuchar y tomar conciencia de la rabia pudo ver lo que realmente le molestaba y a partir de ahí empezar a trabajar con ello y propiciar el diálogo con su hijo.

En las sesiones posteriores seguimos explorando su necesidad de poder hablar con su hijo, de la diferencia de hacerlo desde el chantaje emocional (como creía hizo su madre con ella) o hacerlo desde su necesidad real. A lo largo de las semanas, su relación con él fue cambiando paulatinamente, empezaron hablando de lo cotidiano y también de su enfermedad, las discusiones fueron disminuyendo, y a principios de Diciembre a raíz de una demostración de confianza del hijo hacia ella, hizo una obra (Fig. 4) donde ancló su emoción en relación a este proceso de reencuentro. Se sentía feliz y quería mostrarlo en la imagen.

Me permito destacar esta imagen como sanadora, aparece en ella el papel de la reparación en el impulso creativo del que nos habla Segal (1985) referenciado por Omenat (2006).

CO- Donde antes tenía un vacío ahora tengo una sensación cálida y blanda, algo “mullidito” y quiero estar con esto.

Como otras veces, repitió que no podía estar enfadada con la enfermedad, que ésta le había traído muchas cosas, conocer gente y hacer AT, que lo recomendaría a todo el mundo, que ahora tenía el hijo con quien había soñado siempre.

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Fig. 4

CO encontró placer por la creación, por ver en la imagen sus sentimientos proyectados, “en el contexto terapéutico el proceso creativo pone a menudo al paciente en contacto con sus posibilidades y sus capacidades” (Omenat, 2006)

“La Luz y el Grito”
25ª sesión.

Para comprender esta sesión tengo que remitirme a la anterior, del 20 de Enero, donde me explicó el mal resultado de los últimos marcadores de cáncer. Comentaba cómo sentía el no poder dar a su hijo todo lo posible para que fuera feliz. Expresaba su sufrimiento emocionada, pensando que su hijo sentiría su muerte como otro abandono. Y acabó verbalizando que no pudo contarle toda la verdad sobre los malos resultados.

Volvimos a explorar sobre la necesidad de poder compartirle sus miedos, de expresarle sus sentimientos, sobre la confianza en su hijo, en su futuro y en cómo este mismo recuerdo de confianza, podía llegar a ser un maravilloso regalo en su futuro.

Era una posible manera de dejarle un legado que nadie le podría quitar.

Recordamos las obras del parto y del móvil, su proceso terapéutico para poder llegar a compartir estos momentos difíciles.

Fue una sesión especialmente emotiva. En la contención del setting prevaleció mi profunda empatía y acompañamiento. CO se tenía que enfrentar no sólo a los malos resultados sobre su enfermedad, sino al hecho de comunicárselos a su hijo. Cruzaba una fase de desesperanza, e intenté potenciar que los sentimientos, miedos y frustraciones se expresaran, que los compartiera con quienes representaban sus principales fuentes de apoyo, su hijo y hermana. “Para que un duelo sea creativo, promueva el desarrollo y no la patología o los trastornos relacionales, hemos de ser capaces de trabajar con las emociones del dolor y de la pérdida” Tizón (2007, cursiva en el original pág. 77)

En la sesión que nos ocupa, no empezó hablando de la pasada, sino comentando que no se sentía bien con el nuevo tratamiento, le dolía y notaba pinchazos. Expresó enfado por el trato de la Dra.; había consultado los efectos secundarios y eran muchos. Me habló de su pelo y me enseñó como lo llevaba en la foto del DNI. Hoy después de la sesión recibía otra vez quimioterapia.

La sentía enojada y le propuse llevarlo a la obra, pero cambió de tema y medio sonrió; su cara se transformó al explicarme que pudo hablar con su hijo sobre los malos resultados de las pruebas. Le dijo que yo misma le había expresado la importancia de decirle la verdad sobre ellos y que él lo entendería. (Volví a recordar la responsabilidad que conlleva la práctica terapéutica y aunque no es el tema que nos ocupa, valga la anotación para remarcarlo).

Su hijo la reconfortó, no dejaba de sorprenderla, sabía lo que estaba pasando, él trabajaba como auxiliar sanitario, lo entendía y según CO utilizó las mismas palabras que yo. Estaba orgullosa de su hijo, lo veía maduro y adulto. Transmitía tanta alegría en su dolor que me sentí orgullosa de ella y del proceso que estaba haciendo.

Otra vez le propuse hacer obra y como casi siempre empezó diciendo no saber qué hacer; se preguntaba si sus dibujos eran oscuros y precisó que sí lo eran, sería para marcar mejor los colores.

Escogió el amarillo para una gran zona, un color que no solía utilizar. A continuación (Fig. 5), trazó la casa y solo al terminarla se percató que estaba girada en relación a la horizontal del papel. Siguió con los árboles; en referencia al camino marrón remarcó que lo quería ancho y no como en una imagen anterior. Dijo olvidar algo y puso el sol, y la zona verde y que al no haber sitio para el mar, haría montañas. Comentó de éstas, que eran fuertes como ella, recordó el tronco de su primer dibujo, se sentía fuerte y feliz. Verbalizó no saber por qué se sentía así con todo lo que tenía; que parecía que se olvidase.

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Fig. 5

Rememoré el libro de Yalom “Mirar al Sol” y lo que significa este título como metáfora. “No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos. Es como tratar de mirar al sol de frente: sólo se puede soportar un rato”. (Yalom, 2015.Pág 29)

La enfermedad le había traído el redescubrir a su hijo. Al hablar con él pudo disminuir su sufrimiento y sentirse incluso feliz.

Comentó gustarle la casa, que a lo mejor por detrás se veía el mar.

Me preguntó si yo no veía nada en los arboles mientras me señalaba una zona concreta. Le parecía ver “El grito” de Munch, que quizás era el grito del principio de la sesión cuando explicó los efectos del nuevo tratamiento.

CO transfería a la imagen emociones y atributos, dolor y a la vez sentimiento de felicidad por la conexión con su hijo, su principal fuente de apoyo. Se rebelaba una obra dentro de la otra, una parte de dolor en medio la parte sanadora. La obra como espejo tal y como Schaverien (2003) argumenta.

Ya estábamos terminando cuando calmadamente dijo que se había dado cuenta de que ella era más que un cuerpo, que era un “yo”. Que no creía que hubiera nada después de morir, que los que han vuelto después de morir y hablan de la luz sería por efecto del oxígeno. Y que si se equivocaba y existía algo más, pues encantada, que así podría ver a su hermano muerto a los 4 años. Se podría interpretar como una metáfora reparadora, una visión del hermano que reconforta y acompaña.

En posteriores sesiones nos adentramos en este pensamiento y se reforzó su concepto de “yo”. Cuando CO dice que es más que un “yo”, en su lúcida e inteligente sencillez está expresando lo mismo que Ramón Bayés “La persona no es el cerebro; la persona no es la mente, la persona no es la conducta; la persona no es el coche, no es el motor, no es la carretera. La persona, con toda su riqueza y complejidad, es el viaje.” (2009, pág. 13)

Elaborando Duelos pendientes

CO procesa una revisión de vida donde elabora otros duelos que le van permitiendo sentirse en paz, a la vez que poner orden temas pendientes.

Son significativas las siguientes obras donde elabora el duelo de dos figuras masculinas de su vida, la de su cuñado y su padre.

En esta sesión habló de su hermana, de lo poco que salía con amigas, y su buena relación con ella. Me explicó la tragica muerte del marido.

En la obra que realizó (Fig. 6), manifestó haber representado a su cuñado en la zona del medio, de color azul, como persona sana pero rodeada de malos pensamientos y depresión. Una muerte ocurrida por suicidio no se suele nombrar. J. Aznar (s.f), nos habla de este silencio protector frente al dolor, que se convierte en muro.

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Fig. 6

Resuenan las palabras de Cyrulnik (2001) sobre el trauma, este no es la herida en sí misma, sino un segundo golpe efectuado por los que te rodean que modela la imagen de uno mismo, tanto si es un discurso que mitifica la pérdida, como si la ahoga en un silencio que humilla y culpabiliza.

Se preguntaba incluso si era correcto que me lo contase puesto que era un tema de su hermana.

Cuando tres meses después, elaboró el duelo por su padre, ella misma recordó la imagen, anotando que ya no sentía el enfado hacia su cuñado, había transitado por la ira a través de la obra, una de las fases de la elaboración de las pérdidas tal y como se ha apuntado anteriormente.

El duelo por su padre: Trajo su muerte a la sesión el día que justo hacía 3 años del óbito. Relató sus pensamientos sobre lo que ella hubiera podido o no hacer por él. Realizó una imagen elaborada calmadamente con concentración y conciencia. (Fig. 7)

Tizón (2007) se refiere a la culpa y las autoacusaciones como usuales durante el duelo. E. Kübler-Ross (2006) habla de los reproches como parte del proceso de la pérdida, siendo pocos los sobrevivientes que no se los hacen.

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Fig. 7

“Su” cáncer, su dolor

CO no hablaba mucho de su dolor físico. Solía comentar acerca de su cansancio, de su imposibilidad por hacer tareas domésticas o a sitios que le gustaría ir, como a ver el mar o a un simple supermercado.

Describía su enfermedad y extensión de forma racional, comentaba que le dolía la espalda y su necesidad de ayuda para girarse en la cama, pero nunca se detuvo en su descripción hasta la sesión 23 en la que recibió informes negativos de sus marcadores.

En las imágenes que realizó escuchó su cuerpo e intentó poner color a sus sensaciones, en dos sesiones utilizó ambas caras de la hoja para ilustrar así en la misma hoja, su parte frontal y posterior. (Fig. 11 y 12)

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Fig. 11

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Fig. 12

Montaña (s.f) nos remite a la “imaginarización del cuerpo”; cuando el paciente hace una descripción de su aspecto exterior e interior, descubre como vivencia su cuerpo, el cual lo incluye a él como sujeto. Al hablar de su dolor (Fig. 13 y 14) y situarlo en el cuerpo, hay algo que se modifica.

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Fig. 13

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Fig. 14

En alguna de las obras CO siente un dolor confuso, en otras como si fuesen cables eléctricos. En todas las sesiones en las que lo representó, manifestó sentirse aliviada después de realizar las imágenes. Si al sufrimiento de la enfermedad se añade no expresar el dolor, este “se anuda”. (Aznar, s.f).

Como demostró al corregir el título de la Fig.15, CO se permite escuchar a su cuerpo, pone color y forma al dolor de “su” cáncer, no “el cáncer”.

Ello corrobora el estudio de Nainis (2006) sobre la eficacia de arteterapia para disminuir los niveles de dolor.

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Fig. 15

CONCLUSIONES

A lo largo del proceso referenciado he constatado como el vínculo terapéutico y la obra realizada forman un tándem convergente. En el caso que nos ocupa, CO a pesar de manifestar no saber qué hacer frente a la hoja en blanco, se deja llevar a su realización, cree en su resultado y consigue unos objetivos que van más allá del acompañamiento en su enfermedad. El vínculo y/o su estado vital, la conducen a hacer obra en el espacio transicional mencionado, permitiendo así, que
tuviera lugar la evolución terapéutica.

La obra creada se convirtió en el tercer integrante en la sesión, generó preguntas y ofreció respuestas al ritmo que CO estuvo preparada para percibirlas. Del trabajo plástico CO pudo extraer lo que necesitaba.

CO me dijo un día “Al principio pintaba y luego me preguntaba sobre lo que había salido, ahora pongo ahí lo que siento y no me preocupa lo que salga”.

Se ha podido ejemplificar cómo la imagen ha catalizado expresiones y sentimientos a veces inconscientes. En la obra del parto, CO empieza a ver que se ha de separar de su hijo, en otra toma conciencia de su ira. Se da cuenta de cómo sujeta las ceras o como traza las líneas en su realización, y ve la respuesta en su necesidad de comunicación. CO se expresa simbólicamente a través de la imagen y verbalizando sus emociones las hace conscientes.

No puedo afirmar que la esperanza de vida haya sido determinante para involucrarse en la terapia, sino más bien la suma de diversos factores. De los primeros, las ganas o la necesidad de solucionar temas pendientes como relaciones familiares encalladas y duelos no elaborados.

El proceso y la enfermedad la lleva a plantearse sobre su propio “yo” y a darse cuenta que es más que un cuerpo. Desde su presentación en forma de árbol, los temas se sucedieron a lo largo de las semanas. Ante mí se desplegaron emociones y sensaciones, dolor, ira, miedo, duelos, tristeza… después de la experiencia no me cabe ninguna duda de que la obra llega a ser pieza clave para “poner orden” en el proceso vital, tan necesario en pacientes con cáncer.

Por otra parte la pieza elaborada en arteterapia, con su dimensión física ha permitido volver a ella siempre que la ocasión lo ha requerido, como en imágenes reparadoras o en las que se simbolizó el empoderamiento del “yo”, tan necesario a recordar cuando se transita por algunas de las peores fases de la enfermedad.

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