Ahora que ya no estás. Viviendo el duelo.

Beatriz González González

Posgrado en Arteterapia en Metáfora. Máster en Arteterapia, Psicoterapia por el arte y Formación psicosocial en la Universidad Pompeu Fabra. Estudios de Bellas Artes en la Facultad de Bellas Artes de Sant Jordi. Profesora en centros públicos y privados. Artista plástica y profesora de clases de arte.

beatrizgonzalez.oviedo@gmail.com

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SUMARIO

Cualquier pérdida personal de un ser querido supone un duro golpe, un antes y un después en la trayectoria vital. Cuando esta pérdida acontece dentro del ámbito del hogar, cuando es el compañero/a el que fallece al dolor se suma ahora un revés que lo engloba todo: los planes de futuro, la forma en que la vida transcurre, los roles que todos asumimos cambian y con ellos la manera en la que se encara la vida.

Este trabajo trata sobre el duelo de una mujer que ha perdido a su marido, su compañero durante gran parte de su vida y cómo afronta esta nueva etapa. A través de la práctica del arteterapia se busca acompañar a la superviviente en este nuevo camino lleno de incertidumbres y miedos ayudándola a buscar nuevas maneras para afrontar la vida a partir de ahora.

El arteterapia ofrece un espacio seguro y de contención en dónde potenciar la autoestima a través del trabajo creativo.

PALABRAS CLAVE: Duelo anticipado, Duelo, Viudedad, Legado

ABSTRACT

Any personal loss of a loved one supposes a hard blow, a before and an after in everybody’s vital project. When this loss happens within the family sphere –when the one who passes away is the partner – besides the sorrow, the person suffers a setback which includes a whole: future plans, the way in which life goes by, the assumed roles change, likewise the way the individual faces the life.

This piece of work deals with the mourning of a woman who has lost her husband, her partner for a large part of her life and how this new stage is confronted. The practice of art therapy tries to accompany the survivor in this new path full of doubts and fears, helping her to find new ways to face the life from now on.

The art therapy offers a safe place where self-esteem could be strengthened through creative work.

KEY WORDS: Anticipated mourning, Mourning, Grief, Sorrow

INTRODUCCIÓN

El tema del presente trabajo nace como consecuencia de mis prácticas en el segundo año del Máster en Arteterapia. Dentro de las mismas he tenido ocasión de acompañar a una paciente a lo largo de las últimas semanas de vida de su marido y, posteriormente después de la muerte del mismo. En este tiempo he podido observar cómo se elabora el duelo anticipado y el duelo propiamente dicho.

El trabajo se estructura en siete apartados: un marco teórico en dónde se analiza, partiendo de los trabajos de varios autores, el significado del duelo y cómo el Arteterapia puede ayudar al proceso. En un segundo apartado se lanzan unas preguntas que nacen de mi inquietud antes de comenzar la terapia. A continuación se plantean los objetivos propuestos con la paciente. El diseño metodológico ayuda a contextualizar tanto a la paciente como a la propia institución en dónde se llevó a cabo el proceso de arteterapia. En quinto lugar se pasa a desarrollar el caso que constará de la transcripción de cinco sesiones. Por último se muestran las conclusiones a las que he podido llegar al término del trabajo.

Dentro del marco teórico se hace un repaso a lo dicho por varios autores con referencia al concepto de duelo, cómo se elabora y las características del mismo. Que procesos se establecen cuándo se produce una pérdida y los mecanismos que se utilizan para afrontarla. Las pérdidas sufridas no tienen las mismas consecuencias en la niñez, en la adolescencia o en la edad adulta. Se hará un breve análisis de qué supone una pérdida cuando acontece en la vejez.

En el estudio de caso se describen varias sesiones que tuvieron lugar tanto antes de la muerte del marido de la paciente como después, lo que nos ayudará a comprobar las distintas fases por las que transcurrió todo el proceso y cómo el arteterapia la pudo ayudar en el mismo.

MARCO TEÓRICO

Sigmund Freud en su libro “ Duelo y Melancolía “ ( 1917) define el duelo como “ la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente: la patria, la libertad, el ideal, etc.“

El duelo constituye una experiencia de fragmentación de la identidad producida por una ruptura de un vínculo afectivo. Así mismo supone una pérdida de contacto con uno mismo.

Iosu Cabodevilla (2007) nos habla sobre el duelo de esta manera:

(…) el duelo es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras, con ocasión de la pérdida de algo o de alguien con valor significativo. Por lo tanto podemos afirmar que el duelo es un proceso normal, una experiencia humana por la que pasa toda persona que sufre la pérdida de un ser querido. (…) (p.165).

Es un proceso doloroso que no concluye con facilidad. El duelo es una respuesta universal a una pérdida (o a una separación) a la que se enfrentan los seres humanos de todas las edades y todas las culturas. Es una respuesta normal y natural; quizá no sería natural la ausencia de respuesta. Es una experiencia global, que afecta a la persona en su totalidad en sus aspectos psicológicos, emotivos, mentales, sociales, físicos y espirituales. (Cabodevilla, 2007).

LA CREACIÓN DE LOS VÍNCULOS

Los seres humanos construimos nuestro mundo a través de las relaciones que establecemos tanto con el exterior como con el interno.
Según Worden (2013):

La teoría del apego de Bowlby nos ofrece una manera de conceptualizar la tendencia del ser humano a establecer fuertes vínculos afectivos y una manera de entender las fuertes reacciones emocionales que se producen cuando estos vínculos se ven amenazados o se rompen. (p.29)

Estos vínculos de apego surgen de la necesidad de seguridad. Se desarrollan a corta edad, suelen dirigirse a unos pocos individuos concretos y tienden a perdurar durante gran parte de la vida (Worden, 2013). Es fácil entender que la ruptura de cualquiera de estos vínculos supone un fuerte impacto y una desorganización en la vida de una persona.

Dependiendo del tipo de vínculo que hayamos tenido en la infancia (vinculación segura, vinculación insegura, vinculación insegura – evitativa, vinculación insegura desorganizada) así serán los duelos que suframos en la etapa adulta (Bowlby, 1993).

Para Bowlby (1993) los estilos de vinculación inseguro – ansiosa pueden provocar duelos crónicos. Así mismo el vínculo inseguro – evitativo, duelos inhibidos o pospuestos.

FASES DEL DUELO

En su libro “Sobre el duelo y el dolor “ (2006), Elisabeth Kübler – Ross y David Kessler, la Dra. Ross nos relata cinco etapas en el duelo (otros autores hablarán de fases).

Estas etapas serían:
– Negación: en el caso de una persona que ha perdido a un ser querido, la negación es más simbólica que literal.
– Ira: se manifiesta de muchas formas (contra el ser querido, por no haberse cuidado más, contra nosotros mismos, etc).
– Negociación: Intentamos negociar (bien sea con nosotros mismos o con un Dios) posibles alternativas a fin de evitar la pérdida. Ejemplo: “si mi marido no se muere prometo dejar de fumar”; por favor Dios, si no te lo llevas dedicaré mi vida a ayudar a los demás”.
– Depresión: tras la negociación nuestra atención se dirige al presente. Sensación de vacío.
– Aceptación: se acepta la realidad de que nuestro ser querido se ha ido físicamente y se reconoce que dicha realidad es la realidad permanente. La curación se refleja en las acciones de recordar, recomponerse y reorganizarse.

EL MUNDO INTERNO DEL DUELO

Dentro del proceso de duelo las emociones se suceden a un ritmo vertiginoso alternando subidas y bajadas. Un día se puede estar eufórico y al siguiente sentirse la persona profundamente triste (Kübler – Ross y Kessler, 2006).

Cuando una persona querida es presa de un gran sufrimiento la muerte puede vivirse como un alivio. Alivio que, al mismo tiempo puede derivar a un sentimiento de culpa.

Es un tiempo para las lamentaciones, aquello que pudimos haber dicho o hecho. Es importante hacer las paces para que el duelo se resuelva.

Los autores nos recuerdan que resulta normal soñar con la persona ya fallecida. Los sueños pueden proporcionar información sobre lo que sucede en realidad en nuestro interior.

La persona que está viviendo un duelo siente la necesidad de contar su historia. Ayuda a disipar el dolor. El contar la historia del ser querido da significado a su muerte.

Es necesario validar el relato de la persona en duelo, algo sumamente complicado en nuestro sociedad puesto que evitamos enfrentarnos con el sufrimiento ajeno. Esto puede tener repercusiones en la persona que está intentando compartir con nosotros su dolor. Puede llevarle a un aislamiento interno del que, en muchas ocasiones es complicado salir.

Siguiendo con lo que Kübler – Ross y Kessler (2006) nos relatan, la muerte de un ser querido puede propiciar a menudo sentimientos encontrados. Lloramos la muerte de aquellos que se preocuparon por nosotros tal cómo debían. Pero también lloramos a aquellos que no nos quisieron como nos hubiera gustado. El resentimiento no siempre muere con la muerte.

Cuando experimentamos una pérdida, se reactivan en nosotros anteriores pérdidas que hayamos sufrido. Cuando el dolor emerge, encontramos nuevas formas de curarnos que pueden no haber existido antes.

Las pérdidas nos hacen cuestionarnos nuestras creencias conscientes o inconscientes. Nos encontramos solos. Se levanta un muro entre nosotros y el resto del mundo.

El cierre en un duelo lo podremos realizar cuando consigamos ver en perspectiva la pérdida. Recordar con amor y no con dolor a la persona que se ha muerto. (Kübler – Ross y Kessler 2006).

EL DUELO POR VIUDEDAD

Así nos hablan Gamo y Pazos (2009) acerca de la ruptura de vínculos por viudedad:

La muerte del cónyuge interrumpe un proyecto de vida en común y modifica, necesariamente, de modo mucho más marcado que en otras pérdidas, la continuidad del curso biográfico (…). Hay consenso en considerar la muerte del cónyuge como estrés psicosocial extremo, da lugar a una crisis, a un cambio de rumbo en la vida. Esta pérdida, junto a la de los hijos, es la más difícil de asumir y puede complicarse si el vínculo es problemático (…) (p. 9)

Estos mismos autores nos dicen que el fallecimiento de una pareja hace que la vida hasta entonces conocida se tambalee. Nos obliga a replantearnos aquellos planes que proyectábamos para el futuro y que el mismo nos resulte incierto. Se cuestionan los roles que tanto la persona fallecida como el superviviente asumían hasta el momento, obligando a asumir cambios. Puede que hasta ahora fuera el otro el que se ocupaba de los aspectos económicos, o de realizar los planes para las vacaciones, o quizá se encargaba de los pequeños arreglos de la casa…Las cosas han cambiado y el superviviente deberá adoptar estos nuevos roles e incluso puede que tal vez hasta sea necesario cambiar el suyo. La vida que se contemplaba hasta entonces ha cambiado.

El duelo por viudedad puede complicarse si éste se produce en la vejez. Citando a Gamo y Pazos (2009), diremos que el duelo en la vejez:

Ésta es una etapa caracterizada por la acumulación de pérdidas tanto internas como externas. El duelo por viudedad, añade ahora características especiales, puede aumentar la soledad, al mismo tiempo que la necesidad de figuras de apoyo o la dependencia de éstas, la sensación de desamparo. Es posible reiniciar una nueva etapa aunque ello está muy condicionado por las circunstancias externas y el estado de salud. Lo habitualmente prolongado de la relación perdida configura la posibilidad de resituación y como en todas las edades, el tipo de vínculo tiene una repercusión, aquí matizada por la larga trayectoria de éste.

Si la muerte se produce en la vejez se le añaden las diversas pérdidas que haya podido sufrir la persona a lo largo de su vida.

La muerte del cónyuge hace más patente la cercanía al final de la vida de la persona y por ello es normal que aumenten la inquietud y el desasosiego. Así mismo pueden acrecentarse los síntomas psicosomáticos.

Mención especial requiere el caso de que el cónyuge haya pasado por una enfermedad larga con el consiguiente deterioro que ello pueda provocar. En los casos en los que la enfermedad cause deterioro físico, se acrecentará la ansiedad y la angustia y se verá un aumento en la conciencia de la propia muerte. (Gamo y Pazos, 2009).

Cuando la enfermedad es larga y el pronóstico es de muerte, es habitual que la persona experimente un duelo anticipado. Sobre este tipo de duelo Worden (2013) nos dice:

El duelo anticipado o previo hace referencia al proceso del duelo que se sigue antes de la pérdida real. Es distinto del duelo normal del superviviente del que hemos hablado hasta ahora. En muchos casos, la muerte es un desenlace que ya se prevé y, hasta que llega el momento, la persona inicia el duelo y siente las respuestas emocionales del mismo. Esta situación puede plantear unos problemas concretos que exigen unas intervenciones específicas. Aunque la muerte repentina es muy traumática, el duelo prolongado puede dar origen a un resentimiento que acabe desembocando en culpa. (pp. 228-229)

Al respecto de la importancia del duelo anticipado, Kübler-Ross en su libro Sobre la muerte y los moribundos (1975) comenta:

“Cuanto más podamos ayudar al paciente a expresar estas emociones antes de la muerte de un ser querido, más cómodo se encontrará el miembro de la familia” (p.219).

Worden (2013) citando a Lindemann (1944) nos habla de la ruptura de vínculos afectivos con la persona en fase terminal lo que puede desembocar que en el momento del fallecimiento, el superviviente no manifieste demostraciones de duelo patentes. Esto puede acarrear la incomprensión por parte de familiares.

El mismo autor opina que parece que las personas que han pasado por un duelo anticipado afrontan mejor el duelo propiamente dicho.

El duelo anticipado es un tiempo que la persona puede emplear para cerrar heridas y solucionar temas que han quedado irresolutas. Con respecto a este tema Worden (2013) nos dice:

El tiempo anterior a una muerte se puede emplear de una manera muy eficaz y puede ser importante para el duelo si se alienta a los supervivientes a encargarse de las cuestiones pendientes. Estas cuestiones no sólo incluyen el testamento y otros temas relacionados con la herencia, sino también ser capaz de expresar gratitudes y decepciones, de decir lo que sea antes de que la persona muera.(…) Cuando se hace esto, los supervivientes no tienen que dedicar tiempo durante el asesoramiento a superar el arrepentimiento por cosas que no dijeron cuando aún tenían la oportunidad (…) (p. 232)

ARTETERAPIA EN LA SUPERACIÓN DE LA RÚPTURA DE LOS VÍNCULOS

“El arte es ante todo un lenguaje. Y es utilizado cuando consideramos que las palabras no son suficientes para expresar aquello que sentimos o que queremos decir” (…) (Serna, 2015)

Como Covarrubias (2006) nos comenta, el arteterapia constituye una psicoterapia que tiene en la obra que realiza el paciente la principal herramienta. Se basa principalmente en la hipótesis de que al crear de manera libre, la mente se conecta directamente con el inconsciente permitiendo que afloren sentimientos, emociones, miedos, frustraciones, etc que permanecían ocultos. Tiene la ventaja que al no necesitar de la palabra como soporte principal, y que a menudo puede resultar amenazadora, la persona percibe el espacio como seguro, contenedor, en dónde dar rienda suelta a su creatividad y entrar en contacto con su “yo” interior. Es a través del proceso creativo que se pueden resolver conflictos.

Con respecto al proceso creativo Omenat (2006) sugiere que una de las principales características de la arteterapia son los procesos artísticos que en ella se producen. Especial importancia adquiere el propio proceso creador que en muchas ocasiones puede ser más revelador que la propia obra en sí misma. Para muchos autores el proceso creador nace de la parte sana de la persona y es desde esta premisa que trabaja la arteterapia. De esta manera el paciente puede establecer contacto con sus habilidades con lo que ello supone para reforzar la autoestima.

Continuando con lo dicho por Omenat (2006) el proceso comienza desde que se entra en contacto con los materiales, las sensaciones –tanto psíquicas como sensoriales- que nos transmiten. Su manipulación y las dificultades que pueda acarrear nos conducirán a buscar otras soluciones. Esta búsqueda tiene relación directa con aquellos mecanismos que se utilizan en la vida diaria.

“Podemos referirnos a la actividad creadora como un proceso de construcción del pensamiento” (Omenat, 2006).

A propósito del proceso Martínez (2011) nos dice:

“La proyección artística se manifiesta desde el comienzo de la obra. El modo en que la persona aborda la elaboración del objeto, sus intenciones o resistencias, a la hora de crear algo nuevo, merecen gran atención, ya que pueden decir mucho sobre su forma de ver el mundo y de verse inmerso en él.”

Con respecto a los materiales Martínez les confiere una dimensión psicológica, ya que a través de su manipulación y a la creación de trazos, líneas, texturas, colores y el valor simbólico de las imágenes la persona es capaz de hallar una vía hacia sus emociones y pensamientos.

“Desde un punto de vista psicoanalítico, el uso de medios plásticos- visuales aumentan las opciones expresivas y de autoconocimiento de contenidos velados por el inconsciente. Cuando se pinta o modela, es más fácil acceder a la realidad interna que con las palabras. Debilita las defensas y relaja a la persona, facilitando la expresión de su intimidad” (Martínez, 2011).

El mismo autor nos habla de que gracias a la utilización de los materiales la obra pervive en el tiempo, permitiendo a la persona volver a ella si así lo decide. De esta manera volviendo a contemplar la obra se pueden poner palabras a aquellos sentimientos, emociones que no pudieron ser nombradas en su momento.
Para Marxen (2011):

“Las imágenes y objetos artísticos creados en un entorno seguro y en presencia del arteterapeuta posibilitan la contención, expresión, exploración y resolución de emociones conflictivas” (…) (p.14)

Covarrubias (2006) citando a Araya, Correa y Sánchez, nos describe las principales ventajas que proporciona la arteterapia en el proceso de desarrollo personal.

El arteterapia es un proceso primordialmente no verbal, permite expresar diversas experiencias sin necesidad de hablar. Nos ayuda a proyectar vivencias a trasvés del objeto. Puede suponer una catarsis sin experimentar excesiva ansiedad. El proceso creativo facilita que nuestras defensas se debiliten y de esta manera abordar cuestiones delicadas. Así mismo la creación supone una integración del mundo interno y externo del creador. Otro rasgo importante es la permanencia de la obra por lo cual siempre podremos volver a ella si han quedado aspectos sin resolver.

La experiencia creativa es un acto gratificante en sí mismo lo que puede conllevar que el paciente se sienta motivado con la terapia.

Continuando hablando de las ventajas de la arteterapia frente a otras terapias verbales, Marxen (2011) apunta a la posibilidad de “hablar” del conflicto sin necesidad de hacerlo directamente, de esta manera las defensas permanecen intactas a la espera del momento propicio en qué puedan ser derribadas.

Mª Dolores López Martínez (La intervención Arteterapéutica y su metodología en el Contexto Profesional Español, 2010) nos remite al arteterapia como espacio único que se ofrece al paciente para poder desarrollar y potenciar los aspectos creativos.

La misma autora apunta la relevancia que adquiere la obra en la relación terapeuta-paciente:

“La terapia artística introduce un agente nuevo: la obra plástico-visual realizada por el paciente. Esta tercera presencia altera la relación cliente-terapeuta y el rol tradicional atribuido a ambas figuras. El proceso de transferencia y contratransferencia entre el paciente y el arteterapeuta queda afectado por la existencia de algo concreto que puede ser utilizado, discutido y que actúa como mediador”. (Martínez, 2010).

Con respecto al triángulo terapéutico paciente-obra-terapeuta Marxen (2011) nos comenta:

(…) ”Es indudable que el segundo eje (paciente-obra) y el tercer eje (eje-terapeuta-obra) pueden restar importancia al eje paciente-terapeuta, lo que otorga más independencia al paciente, lo conecta con su propia fuerza y le da oportunidad de aumentar su autoestima y la confianza en sí mismo asumiendo el papel de creador” (…) (p.35).

En relación a la importancia del proceso creativo en la edad adulta, Malchiodi (2003) se refiere a la misma como una etapa en la cual la persona debe lidiar con numerosas pérdidas, declive físico y mental, cambios sexuales, cambios en su estatus social, en sus roles… Así mismo con la llegada de la edad de jubilación se produce un cese en una actividad que ocupaba gran parte del tiempo en la vida de la persona. El proceso creativo de la expresión artística puede ofrecer en este periodo de la vida un soporte para potenciar habilidades que se creían pérdidas o mermadas, pudiendo ayudar al aumento de la autoestima lo que puede suponer una revitalización de las relaciones sociales.

Si hablamos de viudedad el arteterapia puede ser de gran ayuda a la hora de recomponer vínculos. A través de la obra la persona tiene la oportunidad de conectar con sus emociones y sentimientos , incluidos aquellos que, por ambivalentes, pueden ser causa de desasosiego; reconocerlos y aceptarlos. (Sabariegos, 2012).

MÉTODOS

El presente estudio se realizó dentro del ámbito sanitario. Se desarrolló trabajando en colaboración con el Equipo de Atención Psicosocial (EAPS). El EAPS es un equipo multidisciplinar configurado por tres psicólogas, una enfermera y una trabajadora social. Su labor es la atención de los pacientes en fase terminal y sus familiares desde el aspecto emocional como social y sanitario.

La derivación partió de una de las psicólogas del equipo que recibe una petición de ayuda por parte de la hija de la paciente. Era el marido de la misma (al que llamaremos Alberto) el que se encontraba en fase terminal.

La terapia comenzó en el domicilio mientras permaneció en él el marido. A la muerte del cónyuge se suspendió la terapia, recuperándola – ya en el hospital – un mes después del fallecimiento.

El usuario es una mujer de 69 años a la que llamaremos Emilia. El principal motivo de derivación es la observación por parte de sus hijos de una gran angustia y ansiedad, y dificultad para gestionar la enfermedad. Su marido presentaba un cáncer de estómago con metástasis ósea y cerebral. Permanecía en casa con cuidados paliativos domiciliarios. La paciente era la cuidadora principal. Manifestaba diversidad de quejas acerca del cuidado de su marido.

La usuaria tiene dos hijos: un varón y una mujer, y tres nietos. La paciente, a la que llamaremos Emilia, refiere que ha tenido un matrimonio muy difícil .

Según Emilia manifiesta él fue siempre un hombre muy machista, desvalorizándola y anulándola (o al menos intentándolo) todo este tiempo. Llegando a la violencia verbal. Es ahora, a raíz de la enfermedad, cuando se acerca por vez primera a su mujer. Esto provoca en ella fuertes sentimientos contradictorios.

La duración del tratamiento fue de 8 meses.

Las sesiones fueron los miércoles en horario de 11 AM – 12 AM semanales con una duración de una hora. Se distribuyeron en tres partes : una primera, de unos 10 minutos de duración , de acogida. En esta parte se acogía a Emilia y se le facilitaba el entrar en contacto con su estado de ánimo al entrar en la sesión. Permitió determinar qué grado de ansiedad presentaba. Seguidamente se pasaba a la obra. Al término se reservaban unos 15 minutos para poder observar y realizar alguna devolución de la obra.

DESARROLLO DEL CASO DE ESTUDIO

Sesión de asesoramiento

En un primer encuentro Emilia presenta un cuadro de ansiedad importante y sentimientos contradictorios; por una parte siente pena por su marido pero por otra le fastidian enormemente su enfermedad y cuidados (más si cabe después de cómo él la trató toda su vida).

Hasta este momento no acepta ayuda de nadie (aunque se queje).

El primer encuentro – de asesoramiento – con Emilia tiene lugar en su casa. Me acompaña una de las psicólogas del equipo (quien me deriva a la paciente). Me siento un poco violenta por irrumpir en la intimidad de una casa. Es muy distinto entrar en una habitación de hospital a hacerlo en la privacidad de una casa.

Su marido está sentado en el sofá mirando (sin ver) la televisión. No nos mira. La psicóloga me presenta. Emilia me recibe con una sonrisa. Su marido sigue con la vista en la tele. Presenta un aspecto hosco, enfadado y dolorido.

Estamos las tres muy cerca del marido, pero existe una enorme distancia emocional. Comenzamos a charlar. Su conversación es como un torrente; transmite muchísima ansiedad. Todo gira entorno a ella (lo cansada qué está, lo que le duele el brazo, lo mal que está su marido y lo que le cuesta cuidarlo…). No cesa de hablar. En muy pocas ocasiones se refiere a la situación de su marido. Su mayor preocupación es ella. Me cuesta mucho trabajo seguir el hilo porque salta de un tema a otro sin cesar, refiriéndose a situaciones pasadas que ignoramos.

Después de casi una hora la psicóloga consigue hacerla parar un instante y le comenta acerca de mi trabajo. Le explico en qué consiste el arteterapia. Se muestra encantada. No para de repetir que necesita mucha ayuda.

Hablamos del espacio, me preocupa que sea una estancia tan pequeña y no poder tener intimidad. Le comento que necesitamos estar solas. Valoramos cómo hacerlo. Después de darle vueltas decidimos que es mejor que su marido se quede en el salón con la psicóloga y nosotras trabajaremos en la habitación. No hay mucho espacio, más bien nada. Ella se sentará en la cama y dispondrá de una mesita portátil.

Así tendrá que ser. Nos despedimos.

2ª sesión

Tras la sesión de asesoramiento en el domicilio de Emilia, la primera sesión de la terapia se realizó en el hospital Esta segunda sesión vuelve a ser en casa de la usuaria.

El marido está en el sofá. Pasamos a la habitación mientras la psicóloga se queda acompañándolo. Hoy encuentro a Emilia más tranquila, sin tanta ansiedad.

Me cuenta que su marido ha empeorado y se siente triste. Tras unos instantes de observación de los materiales escoge el block de dibujo. Coge unas maderitas de colores y comienza a realizar una casa, “una casa de campo, que es lo que siempre quise tener“. Apenas habla. Se concentra totalmente y pone mucho cuidado en lo que hace. Va relatando los pasos que va siguiendo pero no hay rastro de ansiedad ni en su obra ni en sus gestos.

Decide emplear ceras de colores para continuar la casa y la obra. Hay flores, y un cielo, así como un río. Construye con piedras un paso para poder cruzar el río. Continúa pintando. Pinta un huerto en el dibujo; en él planta hortalizas, tomates…

En una ocasión, Emilia me había hablado de un episodio cuando sus hijos eran pequeños. Estaban en el pueblo, de ella, plantando flores. Al terminar, su marido, sin que le viera nadie lo destroza todo. No puedo por menos que pensar en la historia y en cómo ahora Emilia, a través de la obra está siendo capaz de restaurar la herida.

Habla de planes de futuro, me habla de todas las cosas que hará cuando su marido ya no esté. Pueda parecer que esté elaborando un duelo anticipado. Este proceso se produce en los casos en los que existe una larga enfermedad con pronóstico de muerte, la persona superviviente anticipa el futuro. Constituye un tiempo muy valioso para sanar heridas, despedirse poco a poco, pedir perdón y perdonar (Worden, 2013).

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Fig. 1

La obra permite realizar un ejercicio de construcción, de creación en un momento en donde todo se desmorona, y es a través de ella que la persona es capaz de la parte sana en todo este proceso de enfermedad.

3ª sesión

Alberto está peor y Emilia también. Ha vuelto la ansiedad. Ha vuelto a quejarse de sus huesos, de su marido. Me cuenta que ha pasado muy mala noche y que está agotada además de preocupada ante la posibilidad de que Alberto se pueda morir en casa con ella sola. Se la ve desbordada y muy angustiada. Aunque sí que manifiesta su preocupación se centra más en cuestiones físicas relacionadas con ella.

Me pide la obra del día anterior (Fig. 1). No le gusta lo que ve. No le gusta la “realidad“ que ve. El espacio que había destinado a las tierras de labranza ahora le parece que es muy extenso. Las quiere “destruir“, hacer más pequeñas.

Me duele ver cómo quiere eliminar aquello que con tanto mimo había creado en la sesión anterior. Me hace sentir de alguna manera que una parte de ella también está desapareciendo.

Mientras su obra va cambiando va relatando todas aquellas cosas que consiguió hacer aún con la oposición de su marido (trabajar, sacar el carnet de conducir, acudir a clases de tapices…).

Pongo todo esto en valor. Creo que es importante que perciba que “después“ será capaz de continuar logrando metas. Ha podido conectar por primera vez con el “aquí y ahora”; el dolor que siente, unido a los sentimientos contradictorios que le generan el cuidado de su marido, se ha visto reflejado en su obra.

Emilia ve la enfermedad de Alberto como un castigo divino; un castigo por lo que le hizo a ella. De alguna manera transfiere su enfado a ese Dios que imparte justicia, una justicia que ella no pudo (o no quiso) ejercer. Esto le provoca unos sentimientos ambivalentes. Por una parte siente lástima por su marido pero al mismo tiempo le invade la rabia por tener que cuidarlo, una persona que tanto le hizo sufrir.

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Fig. 2

Sería importante poder rescatar algo bueno de su matrimonio con el fin de evitar un duelo basado en el resentimiento. Tengo la impresión de que en la cercanía del final, está reelaborando su vida pasada y preparándose para el futuro.

Dos semanas antes de la muerte de su marido, Emilia comienza este trabajo (Fig.  3). Se trata de una réplica de un grabado de Gustave Doré. Le llama la atención porque comenta sobre él “que podría utilizarlo para uno de mis tapices”. Es una manera de reclamar, una vez más, su deseo de llevarse la obra a casa. Esta cuestión se ha venido repitiendo desde el inicio de la terapia, su empeño de quedarse las obras para poder mostrarlas. Hemos trabajado en este tema, el porqué de su necesidad de enseñar las obras, por qué es importante que los demás le den su opinión y las juzguen.

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Fig. 3

En relación a sus demandas con respecto a la obra, y con respecto a mí, Emilia mantiene el mismo patrón de conducta que ha seguido en su vida y en su matrimonio: la queja. Ha sido difícil darme cuenta que la queja también se hacía extensible a mi persona.

A continuación describo la sesión en la cual Emilia comienza esta obra y yo comienzo a ser consciente de sus quejas y la consiguiente reacción.

4ª Sesión

Hoy debo adelantar la hora de la sesión con Emilia por cuestiones ajenas a mí. En un primer momento Emilia manifiesta su deseo de anular la cita. Finalmente quedamos en vernos.

Llego a su casa, Acaban de sentar a su marido en el sofá. Me cuenta que van muy retrasados porque después de asearle en la cama se orinó y fue necesario cambiar la cama. Se la ve desbordada, nerviosa… Aún no han desayunado. Intento tranquilizarla y le digo que esté tranquila, que no hay prisa, que desayune relajada… Pero es imposible, lo hace todo a mil por hora. Veo a su marido más tranquilo y le pregunto a Emilia qué tal. Me cuenta que mal, que el día anterior se quería morir…

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Fig.4

Yo pienso que está hablando de él pero se está refiriendo a ella. Le pregunto entonces qué le ocurrió. Le dolían mucho las articulaciones (tiene artrosis) y que ya no puede más. La tarea como cuidadora principal causa un gran desgaste a nivel físico y anímico, y esto unido al hecho de que Emilia siempre ha tenido en la queja un arma y una herramienta para relacionarse con los demás, dan como resultado un inevitable deterioro. Que si sigue así se tendrá que ir a una residencia antes que él.

Emilia ha manifestado en alguna ocasión su miedo a que su marido se muera con ella en casa. Le gustaría estar en otro lugar. Desconozco el motivo por el que han decidido que Alberto permanezca en casa y no en el hospital. Terminan de desayunar y pasamos a la habitación.

No le muestro el trabajo anterior (Fig. 4) pero ella lo reclama para terminarlo; yo estoy casi segura de que lo dio por finalizado.

– No quiero dejar nada sin finalizar… aunque no me guste mucho.

Al verlo se da cuenta de que está terminado y pasa de hoja. Una vez más comenta que ella solo sabe copiar. No digo nada.

– Voy a investigar a ver que tienes por aquí.

Entre los materiales hay unas reproducciones de unos grabados de Gustave Doré. Semanas atrás ya manifestaba que le gustan pero que no sabe qué hacer con ellas. Escoge uno y repite que qué puede hacer.

– Lo que quieras. ¿Qué se te ocurre?
– Podría darle color, responde.
– Me parece una idea estupenda algo que está en blanco y negro ponerle color.

Escoge los Plastidecor y comienza a pintar. Puedo notar que el hecho de ir rellenando de color consigue rebajar un poco su ansiedad, la noto más relajada. Me va hablando de lo que va haciendo, un poco como en los anteriores trabajos. No se muy bien si es por obtener mi aprobación o es simplemente un acto mecánico. Se para y parece como si de repente se diera cuenta de su situación actual:

– Estoy muy mal, me dice llorando. Esto es muy duro.
– Es lógico que estés mal Emilia, debe de ser difícil esta situación para ti.
– Sí, me da mucho miedo que se muera estando yo sola. Es que estoy muy sola. Mi hija viene un rato pero se va. También mi cuñado me ayuda lo que puede… pero el día es muy largo. Mi hija me dice que salga, que coja a mi nieta y me vaya a dar un paseo. Para qué, si al menos viniera ella…

Creo percibir reproche en su voz. En un momento dado Emilia me sugiere que acortemos la sesión. Argumenta algo con respecto a la chica que tiene en casa ayudándola con su marido. Acordamos que terminaremos 15 minutos antes.

Más tarde hablándolo con la psicóloga, me doy cuenta que Emilia, de alguna manera está marcando los límites.¿ Estará enfadada porque la psicóloga no ha venido hoy? ¿Será quizás porque no satisfago sus demandas? (no le interpreto las obras, no le digo cómo es ella, cómo la veo, no le permito quedarse con la obra…). Deberé tener todo esto presente en el futuro.

Terminamos y mira la obra. Le gusta. No se imaginaba que con una reproducción se pudiera hacer algo. Salimos de la habitación. Su marido comienza a inquietarse.

Me pregunta acerca de cómo y con quién pasaré las fiestas. Su hijo vendrá con su mujer, pero sin los niños, durante el periodo de vacaciones de Navidad. Le deseo unas Navidades tranquilas. No puedo por menos que pensar que serán las últimas para su marido.

6ª Sesión

Alberto murió el 3 de Enero. Hoy reiniciamos la terapia. Hace aproximadamente un mes que no veo a Emilia. Hablé con ella por teléfono a mediados de Enero.

Emilia ha tenido una conversación con la psicóloga en dónde, entre otras cuestiones, hablaron de la continuidad o no de nuestra terapia. Emilia se muestra conforme con la idea de seguir viéndonos. Aún así, una vez más se ha quejado de que me quedo con sus obras, que se las quiere llevar a casa para poder enseñarlas. Tendremos que trabajar con su necesidad. Negociar con ella el que pueda llevarse una obra en concreto pero en ningún caso todas. Caigo en la cuenta que Emilia, de alguna manera, está poniendo en duda mi trabajo y trata de boicotear el setting. Lo principal es su necesidad y si yo satisfago o no sus necesidades. Repite conmigo una conducta que ha mantenido a lo largo de su vida: la queja.

Hoy Emilia no hace obra, tan sólo quiere hablar. No la veo demasiado triste, quizá el hecho de acompañar a su marido en el largo proceso de su enfermedad y de tener asumido que el final era el fallecimiento, la ha ayudado en el duelo. No cesa de hablar en toda la sesión, parece que su estado de ansiedad es aún muy alto.

Me cuenta que su hija la ayudado a retirar las pertenencias de Alberto de su casa. Pienso que este proceso de deshacerse de los bienes que eran de su marido será beneficioso a la hora de asumir su nuevo estado y de mirar al futuro sin él.

Sigue llamándome la atención lo poco, por no decir nada, que menciona a su marido . Continúa centrándose en ella, aunque es lógico en estos momentos. Ahora sus preocupaciones son las relativas a temas de herencia, de en qué situación, con respecto a la casa, se queda ella. Todo ello temas materiales.

11ª Sesión

Hace dos semanas que Emilia, no sin dificultad, terminó la obra del grabado (Fig. 5).

Le satisfació el resultado final aunque con alguna crítica. Al finalizar la última sesión me pregunta “si por lo menos le dejaría realizar una foto de la obra”. Una vez más intenta romper el setting vulnerando los límites.

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Fig. 5

Después de esta última sesión pienso en introducir nuevos materiales y pienso en las telas que de alguna manera le pueden recordar a sus tapices. Así es. En cuanto descubre la caja llena de telas de colores se muestra contenta y con ganas de comenzar una nueva obra.

Las mira y le parecen muy bonitas pero no sabe muy bien qué hacer con ellas. En esta ocasión no necesita que yo le anime o que le sugiera algo, enseguida se le ocurre algo.

– Hace tiempo, cuando yo asistía a los talleres de tapices, unas alumnas de patchwork nos enseñaron a realizar unos broches con telas. Necesitaría tener uno de ellos para guiarme… pero voy a intentar recordarlo.
– Qué buena idea, un broche, le respondo.

Escoge una tela y va pensando en voz alta cómo sería. Da algunas vueltas pero no tarda mucho en descubrir la forma de comenzar. Pongo en valor el hecho de que pueda recordar la manera de realizar estos broches.

Creo que es la primera vez en realidad que la veo concentrada en la obra y disfrutando de ella (Fig. 6).

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Fig. 6

Me explica todo el proceso y que necesitará un botón bonito para el centro del broche. Me pregunta si yo tengo algún botón de ese tamaño. Le contesto que sí. Le digo que el próximo día lo traeré. Va haciendo con mucho cuidado todos los pétalos de la flor. Aunque el inicio de la sesión comenzó con la queja (de su artrosis), a medida que la sesión se desarrolla van disminuyendo las quejas y Emilia se adentra en la obra. Siento que algo está cambiando con respecto a las sesiones anteriores. Es por primera vez que Emilia permanece en el “aquí y ahora”, disfrutando del proceso. No hay huidas ni hacia atrás ni hacia delante. Quizá a partir de este momento podrá conectar con la realidad presente.

CONCLUSIONES

La pérdida de un ser querido hace que toda nuestra vida se tambalee. Aquello que nos parecía seguro se vuelve incierto, y todos aquellos planes de futuro que teníamos desaparecen en un instante. Dudamos de la persona que creíamos ser y se nos antoja imposible volver a ser alguien.

El duelo, aunque doloroso, nos ayuda a recomponer, a colocar en su lugar todas las cosas que con la muerte se han movido y nos han movido y removido. Podemos observar con perspectiva la vida con aquel/aquella persona que para nosotros era importante. Es importante recordar los momentos felices y relativizar los que no lo fueron tanto. El duelo nos permite pedir perdón si así lo necesitamos, y perdonarnos si existe la culpa.

En este caso el Arteterapia ofreció a la paciente un espacio de contención y acompañamiento. Un lugar en dónde la palabra daba paso a la creación, en dónde la obra era un reflejo de la situación que se estaba viviendo.

A través de la actividad artística se desarrolla la creatividad y con ello aumenta nuestra autoestima. Así mismo nuestra capacidad mental aumenta permitiéndonos ampliar nuestra visión sobre el mundo y sobre la vida misma, ayudándonos a afrontar el futuro con más valentía.

La relación triangular que se establece en Arteterapia ofrece al paciente la posibilidad de no utilizar la palabra si así lo cree conveniente, si resulta amenazante o demasiado doloroso poner palabras a los sentimientos y emociones; así la obra actúa como catalizador. Al convertirse en objeto tangible aquello que permanecía en nuestro inconsciente siempre se puede volver a él. Si es el momento nos permitirá nombrar las cosas en voz alta. La persistencia de la obra consigue que podamos acceder a ella en cualquier instante, con lo cuál podemos reparar, transformar, destruir aquello que un día depositamos en ella y que en el momento presente ha podido cambiar.

El Arteterapia constituye una herramienta poderosa para recomponer los vínculos rotos y elaborar el duelo de forma sana y creativa.

ANEXOS

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1ª Sesión

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2ª Sesión

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3ª Sesión

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4ª Sesión

 

BIBLIOGRAFÍA

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